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LAS SORPRESAS DE DIOS

LAS SORPRESAS DE DIOS

Pastora Sofía Bocache

No podemos iniciar el año 2014 sin antes agradecerle a Dios por todas sus bendiciones en este 2013.

¿A cuántos le gustan las sorpresas? Te voy a definir lo que significa la palabra “sorpresa” según el diccionario: “Breve estado emocional, como resultado de algo inesperado”. Sorpresa es recibir algo que tú no esperabas; o que sí lo esperabas pero no conocías el tiempo en el que lo recibirías.

Si hay alguien al que le gusta sorprendernos, es Dios. Dios disfruta del sorprendernos constantemente.

Cuando tu le das un regalo empacado a tu hijo, tu disfrutas el ver cómo tú hijo con emoción empieza a destaparlo para ver qué es lo que le diste. Igual es Dios, el disfruta viendo tu cara de sorpresa.

Isaías 43.18-19 dice:

“No os acordéis de las cosas pasadas ni traigáis a la memoria las cosas antiguas. He aquí yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz, ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la tierra estéril. ”

Para que venga lo nuevo necesitamos olvidar. Nosotros recordamos lo que no debiéramos de recordar y olvidamos lo que debiéramos de recordar. ¿Por qué recordamos siempre lo malo que sucede? ¿Por qué no traemos a nuestra memoria las cosas buenas que nos han acontecido?

Si hay algo que sale a luz, es porque Dios lo tiene oculto, porque tiene un tiempo exacto en el que Dios lo saca a luz. A Dios le agrada prepararnos cosas y sorprendernos. La Biblia por ejemplo, está llena de sorpresas. Desde Génesis podemos ver que Dios le preparó una sorpresa a Adán cuando creó a Eva; Dios sorprendió a Moisés cuando estaba frente al mar; Dios sorprendió a Josué cuando los muros de Jericó cayeron; Dios sorprendió a Zacarías, el padre de Juan el Bautista, cuando éste estaba ministrando en el santuario, cuando de repente se le presentó el ángel Gabriel para anunciarle el nacimiento de su hijo; Jesús se le presentó a Saulo cuando iba camino hacía Damasco, y Saulo ya no fue la misma persona; a Dios le agrada a sorprender a sus hijos.

El pasaje dice que “pronto” saldrá luz; y pronto tiene que ver con el tiempo. Pero debes de entender que tu tiempo y el tiempo de Dios, no es el mismo. Tu tiempo es el tiempo “Cronos”, y el tiempo de Dios es el tiempo “Kairos”.

Hay un tiempo que Dios tiene asignado para cada cosa, para cada milagro, para cada promesa; y a nosotros nos afecta el no recibirlas en nuestro tiempo, pero estas bendiciones no se manifiestan a nosotros en nuestro tiempo sino en el tiempo de Dios.

Hechos 1.6-7 dice:

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: <>

Les dijo: <>”.

“Potestad” significa: Autoridad; quiere decir que Dios tiene la completa “Autoridad” sobre el tiempo. El tiempo no lo manejamos nosotros, ese le pertenece a Dios, lo único que nos toca a nosotros es creer y esperar: “Pacientemente esperé a Jehová” dijo el salmista.

Hay ocasiones en que nuestra alma se rebela porque no se cumplen los tiempos, pero el Único que controla los tiempos es Dios. Por eso es que Dios le dice a Jeremías: “Clama a mí y yo te responderé”. A nosotros nos corresponde clamar y Él nos responderá, pero no dice cuándo, el “cuándo” le corresponde a Dios. Nuestro trabajo es clamarle a Él.

Hay regalos de Dios que tienen un tiempo exacto para tu vida; y hay bendiciones que fuera del tiempo de Dios, son un dolor. Yo viví una experiencia de esas: Mi hija menor fue prematura, y cuando un bebé nace antes de tiempo es muy complicado, aún no le funciona todo su organismo como debiera de ser. ¿Por qué entonces queremos recibir bendiciones cuando aún no están dentro del tiempo de Dios?

Nuestra mentalidad debiera de ser la correcta: Esperar en Dios para que en su tiempo, vengan a nuestra vida las bendiciones que Él nos ha preparado, para que cuando vengan, nosotros estemos listos.

Cuando he ido a un parque de diversiones he visto que para subirse a ciertos juegos en necesario tener una altura determinada. Y he visto como a veces los niños pequeños cuando no llegan a esa altura, empiezan a tratar de convencer al encargado del juego para que los deje subir, pero no se puede. Y así es Dios con nosotros, a veces nosotros le rogamos y le rogamos porque nos dé una bendición, pero resulta que nosotros aún no tenemos esa altura espiritual o madurez que Dios requiere y tenemos que esperar hasta que sea el tiempo exacto y perfecto en el que estemos listos para que Dios nos dé esa bendición.

Tú no puedes darle a tu hijo de diez años un carro. El carro es una bendición para él, pero él no tiene la edad ni madurez aún, para recibir esa bendición.

Abraham recibió la promesa de Dios que él sería padre de multitudes, y de repente Sara se empezó a desesperar, porque el hijo no venía, y le entrega su sierva Agar a Abraham para que con ella tuviera el hijo. Nació Ismael, y dice que fue un hombre fiero, y fue un dolor de cabeza. Las cosas fuera del tiempo de Dios, producen dolor en nuestra vida. Dios nunca va a llegar tarde.

En el desierto, el pueblo de Israel no se dio cuenta del cumplimiento del tiempo, debido a la rebelión en su corazón. Hay veces que el corazón se puede rebelar contra Dios. El pueblo de Dios se estuvo rebelando constantemente contra Dios, y por eso no vio el cumplimiento de las promesas, alargaron mucho más el tiempo. Lo mejor que puedes hacer cuando la desesperación esté tocando a las puertas de tu corazón, es rendir tu voluntad delante de Dios.

El nacimiento de nuestro Señor Jesús fue en el tiempo exacto. Gálatas 4.4 dice: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”.

¿Sabes qué significa “cumplimiento”? Cuando algo llegó a su medida y está lleno.

Hay ciertas cosas o ciertos procesos que necesitan cumplirse para que ese tiempo llegue. Cuando el Señor Jesús nació, Él tuvo que preparar a María, su madre, y a José, y a toda la ascendencia de María; tuvo que preparar a los magos; tuvo que alinear el universo para que apareciera la estrella en el momento exacto para que guiara a los magos.

No podemos recibir las cosas de manera automática, Dios tiene que trabajarnos primero. Dios primero trabaja tras bambalinas para poder sorprenderte cuando el tiempo de tu bendición llegue.

Éxodo 15.11 (TLA) dice:

“Dios mío, ¡no hay otro Dios como tú! ¡Sólo tú eres grande! ¡Sólo tú eres poderoso! Tú has hecho grandes maravillas; tú nos llenas de asombro”.

¿Sabes qué significa quedarse asombrado? Es quedarse con la boca abierta, atónito, maravillado. A Dios le agrada sorprender a sus hijos. A Dios le gusta que sus hijos se asombren, pero es en el tiempo exacto de Dios.

Te voy a dar diferentes ejemplos de cómo Jesús asombró: 1) Jesús sorprendió a la gente que lo escuchaba predicar, multiplicando los cinco panes y dos peces, porque ellos no iban preparados para comer y Jesús les dio de comer; 2) Sus discípulos estaban a punto de naufragar en el mar de Galilea cuando Jesús los sorprende caminando sobre las aguas, porque Jesús quería adelantárseles y llevarlos a un nuevo nivel de fe; 3) Los dos discípulos que iban a Emaús iban con mucha tristeza, y Jesús se les aparece como forastero y no lo reconocen, y mientras partían el pan se dan cuenta que era Jesús mismo el que se les presentó; 4) Marta y María, le mandan a decir a Jesús que su hermano Lázaro estaba enfermo, y Jesús a propósito se queda dos días más donde estaba. Lázaro muere, pero dice la Biblia que Jesús dice después de esto: “Me alegro de no haber estado allí”. Hay veces que Dios se alegra de no haber estado allí, en el momento en el que tú querías que Él hiciera el milagro, porque Él tiene mayores cosas para ti. Porque Marta y María esperaban que Jesús sanara a Lázaro, pero ellas no esperaban que Él lo resucitara de entre los muertos. Hay un tiempo en el que Dios necesita un espacio, para que Su poder y Su Deidad, se luzcan.

¿Sabes cuál fue la diferencia entre Marta y María? Marta llegó con una actitud de reclamo y no mueve a Jesús de donde estaba; los berrinches con Dios no funcionan. Pero cuando María llega, le dice a Jesús exactamente las mismas palabras que Marta le había dicho, con la única, pero gran diferencia, que María se postró y rindió su voluntad a Él.

Hay veces que Dios nos está pidiendo eso, que rindamos nuestra voluntad a Él, y que disfrutes el tiempo de espera, y no pierdas la fe, y Jesús hará el milagro.

La venida del Espíritu Santo en Hechos 2.1 se dio en el tiempo exacto de Dios porque dice: “Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos. De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban”.

El estruendo anuncia el poderío y soberanía de Dios en un lugar.

Juan 20.11-12 dice:

“Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro, y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: <>

Les dijo: <>.

Dicho esto, se volvió y vio a Jesús que estaba allí; pero no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: <>

Ella pensando que era el jardinero, le dijo: <>.

Jesús le dijo: <>

Volviéndose ella, le dijo: <> (que significa ‘Maestro’)”.

Esta mujer estaba pasando momentos difíciles de tristeza, pero Jesús quería sorprenderla. María esperaba ver sólo un cuerpo, pero Jesús la sorprende. Muchos hoy están como María, esperando lo que les hace falta, con tristeza; pero yo hoy vine a anunciarte que Dios está a punto de sorprenderte. El cumplimiento del tiempo exacto de Dios está a punto de darse.

Hay veces en que tu mirada ha estado puesta sobre algo que has estado esperando que resucite o sobre algo sobrenatural, pero Jesús está a punto de aparecerse así como se le apareció a María, y lo que Jesús le estaba anunciando es la resurrección, es el poder de Dios sobre las circunstancias, que no tenemos. María tuvo un encuentro con Jesús, con el poder de la resurrección.

Yo vine a decirte que hay sueños o cosas que has venido soñando, y las has dado por muertas, pero Jesús se va a aparecer porque lo va a resucitar, porque Él va a marcar un tiempo de antes y un tiempo de después, porque Él es la resurrección y la vida misma, porque así como María estaba llorando, Dios te dice: “Voy a sorprenderte. Voy a hacer algo tan sobrenatural, que te voy asombrar de lo que voy a hacer”.

Hoy es tiempo de asirte de tu fe y creerle a Dios de que algo sobrenatural va acontecer en tu vida.

¿Quieres ver hasta dónde llega Dios? El Padre mismo sorprendió a Jesús. Cuando a Jesús lo mataron, descendió a las profundidades de la tierra, y mientras tanto El Padre sostenía una conversación con el Espíritu Santo: “Mi Hijo es inocente, Mi Hijo pagó el precio por todo el pecado de la humanidad”. Y mientras el infierno celebraba la “victoria”, se escuchó de repente un estruendo en el mismo infierno y era el poder del Espíritu Santo, resucitando a Jesús.

Dios me habló y me mostró una conversación que Jesús sostuvo con el Padre: “¿Has visto la Iglesia Tiempos de Gloria? ¿Has visto la fe de ellos? Han peleado la buena batalla, han creído a pesar de todo. Están a punto de ver un estruendo y mi poder va a reposar sobre esa iglesia, y lo que han estado esperando está a punto de acontecer, porque hoy marco un tiempo, una hora establecida para el cumplimiento de las promesas”.

Dios hoy te dice que no ha sido en vano lo que has creído, no ha sido en vano la fe que has sostenido, no ha sido en vano lo que has hecho, lo que has sembrado, lo que has declarado.

El poder de la resurrección de Cristo está sobre esta iglesia.

Cuando Dios anunció este año como año de fe, yo supe que este año sería el año agradable a Dios, porque sin fe es imposible agradar a Dios.

Algo poderoso acontecerá hoy en tu vida. Dios tiene preparado este día para ti, por cuanto has sido fiel.

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

Pastor Alfonso Bocache

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