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LA RAZÓN DE MI FIESTA

Oseas 1.5-9 dice así:

“El principio de la palabra de Jeho vá por medio de Oseas. Dijo Jehová a Oseas: «Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová». Concibió ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo Dios: «Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo». Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz un hijo. Y dijo Dios: «Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios»”.

 

“Yo no seré vuestro Dios”. Eso es calamidad. Sin embargo algo sucede en el corazón de Dios.

Oseas capítulo 2.14-15 dice:

“Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto”.

 

En el desierto ella va a aprender que el corazón tiene oído, porque al corazón es a donde Dios nos habla. El más grande romance sucede cuando Dios nos habla y nos provoca hablando a nuestro corazón.  Hay cuatro cosas que es importante subrayar de esos pasajes para que entendamos el tema del más grande romance.

Comienza con un problema en el primer capítulo. Dios está tan enojado con la casa de Israel que le dice a Oseas que se case con una prostituta. Cuando éste lo hace y tiene hijos los nombra de una manera muy terrible, pues significaban “los voy a quitar de la tierra”, “no quiero saber de ustedes”, “no los quiero ver ni en pintura” y similares. Pero algo está por suceder en el capítulo 2 que hace que Dios decida hacer algo. El romance más grande.

El romance comienza con esa atracción divina de Dios cuando dice “Yo la atraeré”. Yo personalmente la traeré. Si alguien sabe llamar nuestra atención y es capaz de meterse al lugar donde nadie más puede meterse es Él. Aun cuando no quieras saber de Él o servirlo. Si alguien sabe seducir y llamar tu atención es Dios. Cuando Dios va por ti no importa dónde te metas o si quieres esconderte, Él te hablará. Aunque le digas “no” Él se mete y te seduce, te trata como su pequeño, te muestra su amor. Sin darte cuenta Él te cambia. Santiago 4:5 dice que no en vano la Escritura dice que el Espíritu Santo nos anhela celosamente.  Dios está tan loco por nosotros que se convirtió en humano y murió en un madero.

A pesar de lo que somos o de lo que hemos vivido Él anhela seducirnos. A Moisés se le apareció a solas. Al joven David se le apareció en el prado; a Abraham le bajó las estrellas; por Daniel se metió en el foso de los leones para que no lo atacaran; una versión dice que Él danzaba en medio de los tres jóvenes hebreos. Lo cierto es que Dios quiere enamorarte no religiosamente, sino seducirte para poder tratar contigo, cambiar el rumbo de tu vida, pues quizá para ti son buenos caminos pero pueden ser de muerte y perversión. Si alguien sabe llamar es Dios.

Y si hablamos de la razón divina podemos entender por qué nos quiere llevar al desierto. Allí tendrá toda tu atención. Deja que Él trate contigo, refúgiate en su roca; cuando estés pasando problemas el desierto es el mejor lugar para que le des todo lo que tienes a Dios.  No le tengas miedo a algo que te puede bendecir. Él te quiere allí a solas para que sepas que lo que dice es para ti. Romanos 8:28 dice que todo obra para bien a los que aman al Señor.

Muchas cosas grandes comienzan en el desierto. En el desierto es donde Dios habla y trata con nuestra vida. No tengas miedo de estar a solas con Dios.  Todo lo que hace el Creador lo hace con propósito. Si atraviesas un desierto no cabe duda de que Dios quiere desprenderte de cosas, quiere prepararte y darte de comer de su pan y beber de su agua. La aceptación ya está hecha, solo falta tu aceptación.

Isaías 55 nos extiende la invitación de Dios. Mira el énfasis en la palabra “venid”; también nos invita el capítulo 1 versículo 18:

1: “A todos los sedientos: «Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche»”. 

18: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana»”.

 

Dios quiere que estemos a cuentas, al día. La Biblia menciona más de trescientas veces la palabra “venid”. A Dios le encanta llamarnos.

La comunicación divina es cuando Dios se comunica a tu corazón. Es un lugar, es un momento. Dios hablará al corazón como decía en Oseas. El corazón es el lugar más sagrado e importante, es lo que nos da vida. Por ello Dios lo quiere luego de habernos llevado al desierto. Es así como nuestro corazón lo oirá y empezará una relación con Él. Dios te habla cuando estás a solas, se mete contigo sin que te des cuenta. Cuando está contigo soba tu corazón, te da golpecitos de amor en el estómago.

Comenzará a cambiar tus planes. Probablemente deberás perder para ganar. Así es la lógica de la teología del Nuevo Testamento: para vivir hay que morir. Quizá tienes un plan pero Él tiene otro y deberás dejar el tuyo para ganar el de Él.  Los deseos de Él serán en tu vida. Serás como la piedra que usó David para derrotar a Goliat. Él había tomado cinco piedras en el rio, pero solo usó una la cual estaba lisa. No estaba lisa desde siempre, sino que en su recorrido por el río se fue alisando al rozarse con otras piedras. Entonces no tengas miedo de los roces que puedas tener porque es Dios que te está alisando para que cuando seas lanzado a tu propósito lo alcances a la primera. Él sabe lo que está haciendo.

El cambio que ocurre en quienes aceptan la invitación a la intimidad, remontarán vuelo como las águilas; irán seguros porque saben que Dios va con ellos a donde sea. Dios los hace leones.

Así es el romance más grande: comienza con una atracción divina, continúa con una razón divina e incluye comunicación divina. Pero falta algo: la recompensa divina.

“Y allí le daré viñas…”. Dios los había llevado al desierto, pero allí les dio viñas. Dios está loco. Dicen que el Evangelio es locura, ¿quién inventó el Evangelio? Dios… entonces Dios está loco, por eso se inventa cosas locas. Es de locos creerle. En el desierto no nace nada, no hay nada, pero allí es donde Dios hace que algo suceda. Allí nos dará viñas. Por eso el diablo quiere quitarte las uvas, para que no haya viñas y no tengas vino, ese vino que embriaga en el gozo del Espíritu.

Después de todas las angustias, derrotas, de todo lo acontecido, Dios te dará viñas. Dios te cambia seduciéndote e invitándote y si aceptas te recompensa donde no crece nada. Todos fracasan pero tú no. Si aceptas la invitación va con todo incluido pues el que invita paga.

El valle de Acor será cambiado por la puerta de esperanza.  El valle de Acor representa el pecado de Acán (Josué 7:24). Dios le dice a Josué que iba a quitar su mano del pueblo por los problemas que había. Acán fue expulsado al valle de Acor junto a su familia, sus propiedades, sus bestias…los apedrearon y los quemaron. Acor representa muerte, rebeldía. Pero Dios dice que si aceptas su invitación Él tiene el poder de cambiar el valle de Acor por la puerta de esperanza. ¿Cómo es posible? Solo Dios.

Ese problema de Acán y su mal testimonio será cambiado, será convertido. No será un valle, será una puerta, será esperanza. La esperanza es femenina, y como mujer tiene la gracia de cambiar todo con su alegría y gozo. Todo cambia con la esperanza. Donde no había potencial ni futuro en el valle de Acor ahora hay alegría por la esperanza. La bendición del Señor no añade tristeza. Serás feliz porque eres amigo de esperanza. La esperanza se contagia.

 

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