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LA PANTERA

La pantera es un leopardo manchado de negro. Le llaman el jaguar melánico, donde el amarillo es suplantado por el negro.

La pantera es uno de los felinos más grandes. Mide 1.10 metros en promedio pero puede llegar a medir hasta 1.85 metros de largo; su pelaje es oscuro lo cual lo hace difícil ver entre las sombras.

Dentro de sus características podemos mencionar que es carnívoro, es un cazador solitario y lo hace de noche, y por lo regular duerme de día. Cazan presas grandes, prefieren vivir en bosques frondosos; y es muy hábil para trepar los árboles y para nadar. Es un perseguidor, cuando él corre es porque está persiguiendo a su presa. Le gusta trepar a los árboles, y la Palabra dice en Isaías 61.3 que seremos “llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya” pero a este animal allí le gusta estar.

A la pantera le llaman el “fantasma del bosque”, es un animal muy silencioso y sigiloso; posee el arte de atacar por sorpresa. La Biblia no menciona en sí la pantera como tal, pero si menciona el leopardo, pero la pantera es lo mismo pero manchado. Se cree que el leopardo es la mezcla entre el león y la pantera por eso el nombre que lleva, porque el “leo” viene del león y “pardus” de pantera.

La Biblia habla nueve veces del leopardo, porque es muy importante y porque revela algo muy importante del mundo espiritual.

Jeremías 5.5-6 dice así:

“Me dirigiré a la gente importante y les hablaré. Ellos, sin duda, sabrán lo que el Señor quiere, lo que su Dios ordena. Pero todos se habían rebelado contra Dios, se habían negado a obedecerle. Por eso saldrán leones de la selva y los matarán, los lobos del desierto los despedazarán, los leopardos los atacarán junto a sus ciudades y los harán pedazos cuando salgan; porque han cometido muchos pecados, numerosas traiciones”.

 

El profeta Jeremías tenía la tarea de proclamar juicio a una nación que se había apartado de Dios y por eso se dirigió de una manera dura.

El leopardo es un animal vigilante, que acecha a su presa y ataca rápidamente. Acechar significa “vigilar, esperar, atalaya”. Tú y yo estamos metidos en un camino donde tenemos ojos encima, porque el reino de los cielos vigila y ve todo lo que nosotros hacemos. Allá arriba está grabado todo lo que nosotros hacemos y cada vez que alguien muere le pasan la película de su vida entera. Pero así como el cielo vigila, las tinieblas también lo hacen. Satanás envía a sus demonios a vigilarte y a atalayarte para ver todo lo que tú haces.

Hubo personas que fueron acechadas en la Biblia y para eso vamos a ir a Jueces 13.3-5 que dice así:

“A esta mujer se le apareció el ángel de Jehová y le dijo: «Tú eres estéril y nunca has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz un hijo. Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda, pues concebirás y darás a luz un hijo. No pasará navaja sobre su cabeza, porque el niño será nazareo para Dios desde su nacimiento y comenzará a salvar a Israel de manos de los filisteos”.

 

Nazareo significa consagrado y apartado para un propósito. Desde el nacimiento, Dios había apartado a Sansón porque traía un propósito divino y celestial de parte de Dios. Tú y yo también fuimos apartados por Dios porque tenemos un propósito; y todo lo que viene apartado de Dios atrae también la mirada del reino de las tinieblas, porque el diablo siempre va a perseguir todo aquello en lo que Dios ha puesto su mirada.

Una cosa es que te acechen y otra cosa es caer en las garras del acechador. Acechados vamos a estar siempre, pero otra cosa es ser tomados y cazados por el  que acecha.

Jueces 16.1-4 dice así:

“Fue Sansón a Gaza y vio allí a una prostituta y se llegó a ella. Cuando les dijeron a los de Gaza: «Sansón ha venido acá», lo rodearon y lo acecharon durante toda la noche a la puerta de la ciudad. Se mantuvieron callados toda aquella noche, diciéndose: «Cuando aclare el día, entonces lo mataremos».

Pero Sansón durmió hasta la medianoche; y a la medianoche se le levantó y, tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro y las subió a la cumbre del monte que está delante de Hebrón”.

 

Esos eran los planes diabólicos contra Sansón. A pesar que Sansón estaba en un lugar que no tenía que estar, estaba despierto en el espíritu, porque se durmió hasta la medianoche. Sansón estaba jugando con fuego, por eso debemos de permanecer firmes y constantes.

 

¿Cuándo una persona puede ser acechada y capturada?

 

1.- Cuando empiezas a menospreciar y ver común algo valioso. A veces el corazón humano empieza a ver común las cosas buenas y entonces empieza a menospreciarlas. El menosprecio es uno de los pecados más serios que existe. Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, y si tú menosprecias eso, estás haciendo de menos a Jesús.

El diablo es especialista en hacer ver común lo que para Dios es valioso, y te lo voy a probar: En el huerto Adán y Eva vieron un fruto nada más, pero para Dios representaba la fidelidad de Adán y Eva. Las personas que menosprecian algo es porque Satanás está empezando a hacer que vean común y vil algo preciado para Dios.

Sansón empezó a ver común el llamado que Dios le había dado.

Jueces 16.16-17 dice así:

“Y aconteció que, presionándolo ella cada día con sus palabras e importunándolo, el alma de Sansón fue reducida a mortal angustia. Le descubrió, pues, todo su corazón y le dijo: «Nunca a mi cabeza llegó navaja, porque soy nazareo para Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como todos los hombres»”.

Cada día el diablo va a querer provocar en ti, a que veas comunes las cosas que Dios ha llamado valiosas. Ten cuidado porque cuando hay menosprecio tiendes a descubrir tu corazón a cualquiera.

Sansón le reveló a Dalila que no estaba la fuerza en su pelo, sino en la consagración que tenía hacia Dios desde su nacimiento. Sansón no solo fue acechado, fue cazado. Cuando tú menosprecias el llamado y el propósito para el cual tú naciste, corres el riesgo a no solo ser acechado sino también cazado.

 

2.- Cuando te duermes. Si Sansón se hubiera dormido en el pasaje de Jueces 16.1 seguramente lo hubieran cazado en ese momento. Cuando tú te duermes en el espíritu, corres el riesgo de ser acechado.

Jueces 16.18 dice así:

“Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: «Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón». Los principales de los filisteos vinieron a ella trayendo en sus manos el dinero.

Hizo ella que Sansón se durmiera sobre sus rodillas y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza. Entonces comenzó ella a afligirlo, pues su fuerza se había apartado de él”.

 

Cada vez que te duermes, lo que viene es aflicción. Dalila durmió a Sansón con una canción de cuna, por eso no puedes permitir que el diablo de arrulle con canciones de cuna para que pierdas la fuerza y el honor que Dios te ha dado.

Pedro en el Getsemaní se durmió cuando Jesús le dijo: “¿No podéis velar conmigo una hora?” Por haberse dormido, Pedro negó a Jesús tres veces. Tú empiezas a menospreciar, cuando dejas de asombrarte de lo que Dios ha hecho.

 

3.- Cuando pasas el desierto espiritual.

Oseas13.5-7 dice así:

“Yo te conocí en el desierto, en tierra seca. En sus pastos se saciaron y, una vez repletos, se ensoberbeció su corazón; por esta causa se olvidaron de mí. Por tanto, yo seré para ellos como un león; como un leopardo en el camino los acecharé. Como osa que ha perdido a sus hijos los atacaré y desgarraré las fibras de su corazón, y allí los devoraré como león; fiera del campo los despedazará”.

 

En el desierto pueden suceder dos cosas: O te aferras más a Él o te olvidas de Él. En el desierto se evidencia quién verdaderamente tú eres, qué hay en tu corazón. Lo peor que puedes hacer es olvidarte de Dios.

Jesús fue acechado en el desierto por el diablo, pero Él nunca fue cazado por él y nunca pecó, porque Jesús se aferró a Dios.

Dios en Malaquías 3.6 dice: “Porque yo Jehová no cambió”, entonces ¿quién es el que cambia cuando decimos que lo sentimos lejos? Nosotros mismos somos los que cambiamos y por eso lo sentimos distante.

Jesús nunca olvidó las palabras de su Padre en el bautismo de aguas cuando Dios le dice: “Éste es mi hijo amado en quien tengo complacencia”, y esas palabras las tenía presentes cuando fue llevado al desierto y tentado por el diablo. Jesús nunca sucumbió a ninguna tentación porque tenía claro que lo que Dios había dicho de Él, lo seguía manteniendo firme.

 

¿Cuándo te conviertes en una presa fácil? Cuando dejas de creer. No solo menosprecias, te duermes, sino que estando en el desierto dejas de creer las promesas que Dios te ha dado.

¿Qué fue lo primero que hizo Sansón después de haber pecado? Recuperó la fe.

Jueces 16.28 dice así:

“Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo:  «Señor Jehová, acuérdate ahora de mí y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos»”.

 

Cuando te sientas en el desierto o sientes que te estas durmiendo, esta debe de ser tu oración: “¡Señor fortaléceme!”.

 

Lo que le dolió más a Sansón no fue que le quitaran el pelo, sino que le quitaran la vista. Porque su fuerza no estaba en el pelo, sino que radicaba en que su mirada estuviera puesta en el Invisible, en el Gran Yo Soy. Eso fue lo que más lo indignó, pero Sansón pudo recuperar la fe de nuevo, y aunque seas acechado por las tinieblas, si tú permaneces en Dios, te mantendrás firme.

A Sansón le quitaron los ojos físicos, pero empezó a ver con los ojos de la fe. Cuando tú recuperas la fe, no importa cuánto te acechen, tú saldrás adelante porque tienes tu mirada puesta en Dios.

Por eso cuando Pedro había fallado negando al Señor Jesús, lo primero que hace al verlo de nuevo es tirarse al agua en pos de Él.

 

Es tiempo que te levantes y que le creas a Dios, y que subas a  un nuevo nivel. Es tiempo no de caminar sino de correr en pos del Gran Yo Soy. No hay poder que pueda sobre ti, porque la mano de Dios está sobre tu vida. No sé si habías perdido tu fe y estabas como Sansón, pero quiero que entiendas que fuiste apartado por Dios con un propósito.

Naciste para vencer y ser victorioso, no hay tormenta que pueda prevalecer si tú te mantienes viendo al Invisible, al Gran Yo Soy.

Si te sientes débil, hoy Dios te fortalecerá. Los cielos están expectantes de lo que hoy vas a hacer. Vuelve a creer en Él porque tienes un propósito divino.

Viene un nuevo nivel de fe para tu vida, pero es necesario que primero pongas de nuevo tu mirada en Dios. Dios no cambia, recuérdalo; pon tu mirada en Él.

Cantares 4.8 dice así:

“Ven conmigo del Líbano, esposa mía; baja del Líbano conmigo. Mira desde la cumbre del Amana, desde la cumbre del Senir y del Hermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos”.

 

Este es Jesús hablándole a la Iglesia; el Líbano representa santidad, pureza, blancura. Hermón es el pico de la montaña más alta de toda Palestina.

Dios quiere llevarte a nuevas alturas, y no importa que los leopardos estén en los montes altos. Pero eso no importa si tú también estás en las alturas, si tú vives en las alturas, porque llegarás a nuevas alturas y por más que te acechen y te estén vigilando, no te podrán tocar. ¿Estás listo para una nueva altura en tu vida?

Si le crees a Dios sobre todas las cosas nada podrá tocarte. Pídele perdón a Dios si has menospreciado su propósito y su gloria en ti; pídele perdón a Dios si te has dormido; y pídele perdón a Dios si te has debilitado en el desierto, pero hoy como Sansón, tú vuelves a creer y a ver con los ojos de la fe, creyendo que Él es Dios, y no importando que las tinieblas quieran acechar tu vida y perseguirla; tú le creerás a Dios por sobre todas las cosas.

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

Pastor Alfonso Bocache

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