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HECHA TU RAÍZ

HECHA TU RAÍZ

Pastora Sofi

Lucas 8:12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven.

Ya aprendiste que cuando recibes Palabra cada domingo es depositada una semilla en tu corazón, pero lo que el diablo quiere es esa semilla de fe para que esta nunca dé fruto.

Lucas 8:13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.

El deseo de Dios es que permanezcas y no te apartes. Él quiere que tu eches raíz, que esta sea profunda para que crezcas firme.

Las palmeras son un tipo de árbol que se mantiene firme en medio de la tormenta. Sus raíces son profundas y buscan aferrarse a las rocas que están en e suelo. Así como las palmeras debes de ser tu. Debes echar raíces profundas y aferrarte sobre la roca que es Cristo.

Cuando estás pasando una prueba, es cuando estás echando raíz. Esa prueba muchas veces es similar a un valle. A ese valle lo he llamado: “el valle la desilusión” ya que toda semilla pasa por este proceso.

La semilla al ser plantada, pasa por un proceso de muerte. Este proceso es necesario por que es allí donde echa la raíz. Como toda semilla plantada, lo que uno espera es que el fruto salga para arriba pero sucede lo contrario. En vez de subir ese fruto, empieza un descenso. Sale una raíz que crece para abajo.

Marcos 4:30-32 “Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra”.

Tal como explica la parábola. La semilla de mostaza es la semilla más pequeña. Por sus condiciones de ser una semilla pequeña, pudo llegar a sentirse de menos por ser diminuta. Pero Jesús le da Palabra, le dice que será la más grande de las hortalizas.

Cuando la semilla de mostaza ya está sembrada, espera crecer y ser grande. El proceso natural hace que, en vez de irse para arriba, empieza a irse para abajo. Esto sucede por que para esta semilla de fruto, debe morir primero y así comienza a echar raíz. Es allí cuando atraviesa el valle de la desilusión.

Un claro ejemplo de ese valle de desilusión que pasan las semillas, es la vida de José. La semilla que Dios le había dado eran sus sueños, con sólo diecisiete años él tenía una gran semilla por parte de Dios pero tuvo que atravesar el valle de la desilusión, José nunca imaginó que esto iba a suceder.

José, por la envidia de sus hermanos es llevado a una cisterna. La palabra cisterna significa sepultura. El proceso de su semilla, en ese momento era de muerte. Pasó por momentos difíciles en donde lo menos que podía pensar era en lo que Dios le había prometido pero fueron esos momentos en donde él echó raíz. Estos momentos en el valle de la desilusión sirven para lo que viene y se cumpla el propósito que Dios ha dicho.

Otro hombre que vivió esto fue Jairo. Dios quería en él una fe firme, estable y profunda. Por eso él pasó lo de su hija. Yendo con Jesús en camino a que orara por ella para sanarla, le dan la noticia que ella ya murió.

Jairo pensó: ¿Por qué pasa todo esto, si estábamos tan cerca, ya íbamos en camino con Jesús para sanarla? Jesús le dice: No temas, cree solamente.

Y eso mismo es lo que Jesús nos recuerda siempre, no te dejes morir por dentro. Aunque sientas que el miedo pueda matar tu semilla, debes de permanecer creyendo en lo que llevas por dentro.

Mateo 3:16-17 “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.

Jesús también vivió lo que nosotros vivimos. Cuando fue bautizado, Él se sumergió y luego subió para encontrar los cielos abiertos. Esto significaba que la gracia y el favor de Dios eran derramados sobre Él, además ver como el Espíritu Santo desciende para mostrar el respaldo de tenía de Dios. Y escuchan la voz de su Padre declarando que lo ama y que se complacía de Él.

Todo esto sucede antes de ser llevado y atravesar el desierto durante cuarenta días por el Espíritu Santo. En esos cuarenta días, Jesús, pudo pensar: ¿por qué Dios lo llevó a ese momento de soledad, sin comida y sin bebida? Y aún, es tentado por el diablo.

Jesús hubiera podido dudar de lo que el Padre le dijo, pudo haber reclamado por que estaba viviendo eso. En estos momentos de desierto, Jesús estaba echando raíz, estaba atravesando ese valle de desilusión pero se mantuvo firme por que sabía a donde iba y todo lo que venía para Él.

El proceso de echar raíz es necesario. Es allí donde Dios te forma para que seas una persona de fe, firme, estable: lista para vivir lo que Él ya prometió. Esa raíz debe de ser profunda y fuerte para que en el momento de la prueba permanezcas y cuando el diablo trate de botarte, tu te mantengas. Hecha tu raíz, no permitas que nada ni nadie te roben lo que Él te prometió.

El origen de todo este proceso de que eches raíz, es el amor de Dios. Él te amó, antes que tu lo amaras a Él. Los planes para ti, los pensó antes de que tu pudieras imaginarlos, los planeó especialmente para ti por una única razón: Él te ama.

El valle de la desilusión es para que recuerdes cuánto Dios te ama y anhela que permanezcas en Él. Recuerda, no debes dudar de Su amor hacia ti.

Jesús, en el desierto venció al diablo por que nunca dudó del amor de Su Padre. El amor del Padre es SUFICIENTE para permanecer y guardar esa Palabra que Él ya prometió.

Cuando estés metido en la cisterna, no pienses tanto en las promesas sino, piensa en el amor de Dios. Recuerda la Palabra, NO DUDES DEL AMOR DE DIOS.

Romanos 8:35 “Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?“

Romanos 8:37-39 “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

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