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FE EN ALGO / FE EN ALGUIEN 2ª PARTE

FE EN ALGO / FE EN ALGUIEN 2ª PARTE

Pastor Alfonso Bocache

La semana pasada aprendimos a tener Fe en Dios. También aprendimos en base a 1ª de Timoteo 6.9-10, que podemos extraviarnos del camino, porque “raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe”. Eran cristianos que tenían su fe en Dios, pero al venir las bendiciones a su vida, se extraviaron por no poner su fe en Dios, sino en algo. Vimos que no podemos servir a dos señores, porque apreciaremos a uno y menospreciaremos al otro, y por ello decidimos servir a Dios. Por último hablamos del joven rico, que se presentó con Jesús, pero al oír lo que Jesús le dijo, se fue triste y afligido. Vamos a retomar el pasaje del joven rico.

Marcos 10.24-28 dice:

“Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús respondiendo, volvió a decirles: <>.

Ellos se asombraron aun más, diciendo entre sí: <<¿Quién, pues, podrá ser salvo?>>.

Entonces Jesús, mirándolos, dijo: <>.

Entonces Pedro comenzó a decirle: <>.”

El joven rico, escogió “algo” y no “alguien”; pero Pedro escogió a “alguien” y dejó “algo”, es más, lo dejó todo. Entonces la pregunta era válida. Pero mira lo que le responde Jesús en la traducción Lenguaje Actual:

“Les aseguro que quien haya dejado algo por seguirme y por anunciar las buenas noticias, recibirá su premio. Si dejó a sus hermanos o hermanas, a su padre o a su madre, a sus hijos, su casa o algún terreno, recibirá en esta vida cien veces más casas, terrenos y familiares, aunque también será maltratado por sus enemigos. Y cuando muera, vivirá con Dios para siempre”.

Dios no se queda con nada, Él es fiel. No puedes confiar en ese “algo”, debes de hacerlo en “alguien”. Pedro tuvo la duda: ¿Señor, y dónde entramos nosotros?, pero Jesús le dijo: “No te preocupes si ustedes han dejado “algo”, porque ese “alguien” es fiel para devolverte y multiplicarte todo aquello que has dejado, por cuanto lo has hecho con un corazón recto, honesto y amando a Dios sobre todas las cosas, pero tú no las alcanzarás, sino que ellas te alcanzarán a ti”.

La duda la tenían todos, no era únicamente de Pedro. El valiente fue Pedro. Mira lo que dice la versión Al Día, en el mismo pasaje: “Pedro comenzó a reclamarle: <<¿Qué de nosotros, que lo hemos abandonado todo por seguirte?>>

Le contestó Jesús: <>”.

La raíz de todos los males es el amor al dinero; y la raíz de todos los bienes es el amor a Dios. Así como viene la raíz de todos los males, en esta Iglesia vamos a vivir la raíz de todos los bienes, que es el amor a Dios; porque Él es nuestro Señor y en Él tenemos nuestra fe. Un solo Dios tenemos, y a un solo Dios servimos.

¿Pero cómo no iba a venir la duda a Pedro cuando vio al joven rico irse triste porque amaba más a las riquezas? “¿Este no pudo dejar todas sus pertenencias por seguir a Jesús?” se preguntaron todos los discípulos. “¿Qué hay de nosotros? El rico no quiso seguir a Jesús, pero nosotros lo dejamos todo” se preguntaban entre sí. Entonces le preguntaron a Jesús: “¿Entonces los ricos no entrarán al reino de Dios? – “¡No!” les respondió Jesús – “Los que confían en las riquezas, no entrarán en el reino de Dios.

Ustedes que han puesto su confianza en mí y dejaron todo por hacerlo, cien veces más recibirán”; y mira lo que pasó en Hechos 4.34 y 35: Llegaban a ponerlo todo a los pies de los apóstoles: casas, terrenos, etc. Se cumplió La Palabra.

Pablo decía: “Sé vivir en escasez, sé vivir en abundancia, todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. En Jesús estaba puesta la fe de Pablo, no importa si estaba en escasez o en abundancia. Porque en tiempos de abundancia, es cuando más tienes el riesgo de extraviarte, porque tienes ya la disponibilidad de visitar varios lugares los domingos; pero cuando apenas ajustas tu pasaje para venir a oír, es diferente. “Aunque sea a escuchar buenos chistes voy a ir, así me distraigo” dices.

Hay cosas que Dios te ha pedido y que no te has atrevido a dejarlas, pero atrévete. A mí me ha tocado en ocasiones, dejar de atender eventos de mi familia, por servirle a Dios. Ahora mi hija mayor me cuenta sus experiencias en su grupo, en ocasiones que la Gloria de Dios los ha visitado, y que todos esos jóvenes han caído en El Espíritu. Cien veces más me está dando Dios con mis hijas. Me ha tocado dejarlas, pero cien veces más, y mejores serán, de lo que yo las hubiera podido formar. Dios ha sido fiel, Él no se queda con nada.

Lucas 19.1-6 dice:

“Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y, corriendo delante, se subió a un sicómoro para verlo, porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba lo vio, y le dijo: <>.

Zaqueo era un hombre rico, que seguramente tenía la mejor casa y mejores trajes de aquel lugar. Tenía lo mejor, pero seguro que ese “algo” no podía llenar su vida. Estaba tan desesperado, porque su casa no podía darle lo que sólo alguien podía darle. Estaba tan vacío por dentro, que no podía perderse la oportunidad de conocer a Jesús. Y una multitud iba con Jesús y le impedía verlo. A Zaqueo no le importó y se subió al árbol.

Cuando hay esa necesidad en tu corazón, le envías una señal al cielo: “¡Hey! Buscó a alguien, busco a Jesús, porque todo ese algo que tengo, no ha podido darme lo que sólo alguien me puede dar. Yo quiero ver a ese alguien”.

Pero mira lo que dice en los versos siguientes:

“Entonces él descendió aprisa y lo recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: <>.

Jesús le dijo: <>.”

El joven rico se puso triste, pero Zaqueo se puso gozoso, porque el corazón de Zaqueo ya había cambiado. El corazón de Zaqueo cambió desde que se subió al árbol. Tanto el joven rico como Zaqueo, tuvieron la misma oportunidad, pero el joven rico tenía su mirada puesta en las riquezas.

Zaqueo era considerado por la multitud como lo peor, pero tenía un corazón necesitado. Es preferible tener gente así, que gente como el joven rico, que se sabía todos los mandamientos, pero no tenía necesidad de Dios. Zaqueo se hartó de tener “algo” en su vida, y lo cambió por “alguien”.

Jesús lo confrontó y le tuvo que dar la enseñanza, que uno no puede servir a dos señores. Pero Zaqueo ya tenía clara esa enseñanza. Él se dio cuenta que el señor de su casa había sido el dinero, pero cuando se sube al árbol, cambió todo eso. A Zaqueo no le pidieron que diera la mitad de sus bienes a los pobres, de él nació hacerlo, porque el Señor de esa casa ya no era el dinero, ahora era el mismo Jesús. Este pasaje está en el capítulo 19 y en capítulo 18, pegadito, está la historia del joven rico.

Abraham es el padre de la fe, y dice el último versículo de ese pasaje, que Jesús estaba buscando lo que se había perdido; ¿y qué se había perdido? ¡La fe en Dios! Jesús le dijo: “Tu eres hijo de Abraham, tú tienes la misma fe que Abraham”. Jesús no encontró esa fe en el joven rico, porque esa fe estaba en “algo”. Hoy tu fe no puede estar puesta en “algo” sino en “alguien” que es nuestro Señor Dios Todopoderoso. Hoy El Señor sigue buscando lo que se ha perdido en muchos, y es la fe en Él. ¿Podrá hoy El Señor encontrar en ti, lo que se ha perdido?

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

Pastor Alfonso Bocache

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