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RECUPERA EL TIEMPO PERDIDO

Dios es bueno, no es que Él tenga mucha bondad sino que Él es la Bondad. Si Dios es bueno, ¿por qué no te dejas formar por Él? El deseo de Dios es que tú pongas tu confianza en Él.

El deseo de Dios es transformarnos porque nos hemos deformado durante nuestro caminar por esta vida.

Existen tres tipos de materiales en la Biblia que Dios usa para formarnos:

  1. El Polvo. Génesis 2.7 (RV) dice así:

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente”.

 

El polvo es lo que despide la tierra. El aliento de vida es el Espíritu Santo sobre nuestra vida. Prepárate porque en las próximas semanas el Espíritu Santo va a soplar fuerte en nuestras vidas.

 

  1. La madera

Jesús fue carpintero porque la madera representa la humanidad. Por eso a Dios le gusta trabajar con nosotros.

 

  1. El Barro. Jeremías 18.1-6 (RV) dice así:

“Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: «Levántate y desciende a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras».

Descendí a casa del alfarero, y hallé que él estaba trabajando en el torno. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en sus manos, pero él volvió a hacer otra vasija, según le pareció mejor hacerla.

Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: «¿No podré yo hacer con vosotros como este alfarero, casa de Israel? Dice Jehová. Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mis manos casa de Israel»”.

 

Nosotros somos esas vasijas de barro y Dios es el alfarero.

Cuando tú te pones en las manos de Dios suceden estas cosas en tu vida:

  1. Tú vas a escuchar la voz de Dios.

Mucha gente no escucha la voz de Dios porque no está en las manos de Él; por eso mucha gente anda sin rumbo, porque han decidido tomar sus propios caminos.

La vasija misma se echó a perder en las manos del alfarero. ¿Cómo es esto posible si estaba en las mejores manos? Depende de la forma de cómo haya estado la tierra.

Sobre un torno se trabaja el barro. El torno del alfarero está compuesto por dos ruedas que provocan el pulimento y formación sobre nuestras vidas. Las ruedas deben de girar una sobre la otra.

Cuando el barro está demasiado duro y tiene piedras se echa a perder. Hay veces que Dios tiene que trabajar sobre nuestra tierra y la tierra es nuestro corazón. No importa que estemos en las manos de Dios, nuestro corazón debe de estar fino y blando para que Dios pueda trabajar en él. ¿Cómo está tu tierra? ¿Está blanda o tiene piedras? Las piedras son figura de orgullo, soberbia y rebelión. Dios te va a tener que rehacer cuantas veces sea necesario, hasta que tu tierra este fina para que Él pueda hacer de ti una vasija perfecta.

No existe ningún daño que Dios no pueda reparar en tu vida, siempre y cuando tú estés dispuesto a rendirlo.

 

  1. Dios te destapa los ojos. Marcos 8.22-25 (RV) dice así:

“Vino luego a Betsaida, y le trajeron un ciego, y le rogaron que lo tocara. Entonces, tomando la mano del ciego, lo sacó fuera de la aldea; escupió en sus ojos, puso sus manos sobre él y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: «Veo los hombre como árboles, pero los veo que andan». Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirara; y fue restablecido, y vio de lejos claramente a todos”.

 

Mucha gente a veces no puede ver qué hay en sus vidas porque tienen sus ojos tapados, existe un velo que les impide ver. Cuando estás en las manos de Dios, Él mismo quita todo velo y te destapa los ojos. Jesús lo sacó de la aldea porque Dios necesita sacarte de tu ambiente para destaparte los ojos.

 

  1. Dios te hace entender. Salmos 119.73 (RV) dice así:

“Tus manos me hicieron y me formaron; hazme entender y aprender tus mandamientos”.

 

Dios no solo te hace escucharlo y te destapa los ojos, sino que además te hace entender. En sus manos tú vas a entender muchas cosas. Llega un momento en que tú decides quién te va a enseñar: Dios o el diablo. Hay muchos que son hijos de Dios pero alumnos del diablo, porque solo a palo les gusta aprender.

En las manos de Dios tú te vuelves una persona sabia y sensata. La diferencia entre un necio y un sensato es que el necio no quiere estar en las manos de Dios, y prefiere que la vida y las circunstancias le enseñen; sin embargo es mejor que Dios te enseñe, y esto lo sabe el que es sensato.

 

  1. Tus tiempos están en las manos de Dios. Salmo 31.15 (RV) dice así:

“¡En tus manos están mis tiempos! Líbrame de manos de mis enemigos y de mis perseguidores”.

 

Cuando tú decides vivir una vida fuera de las manos de Dios, lo que tú decides es perder el tiempo. Pero no te preocupes porque en Dios, todo se soluciona. Cuando tú estás en las manos de Dios, tus tiempos son exactos; no vas ni adelante ni atrás. Pero cuando decides vivir una vida sin Dios, viviendo bajo tus planes, decides perder el tiempo. Cuando tú no te dejas formar por Dios, pierdes el tiempo.

Los planes que Dios tiene son mucho mejores que los que tú tienes para ti mismo.

Isaías 55.8-9 (RV) dice así:

“«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos» dice Jehová.

«Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos»”.

 

Dios te quiere llevar a niveles más altos en tu vida, en tu familia, en tu economía; sólo déjate formar.

El polvo, la madera y el barro, son materiales que al trabajarlos dejan el área sucia; porque hay momentos en tu vida en que tu sientes que todo está sucio y desordenado, pero es una excelente señal de que Dios está trabajando en tu vida. No lo veas mal, es Dios trabajando en tu vida.

Cuando Dios ve un pedazo de madera áspero, Él lo lija y ese es el trato duro que a veces sentimos pero Dios ve cómo va a quedar el producto final.

¿Qué puede acelerar los tiempos en tu vida y recuperar el tiempo perdido?

Juan 11.20-34 dice así:

“Entonces Marta, cuando oyó que Jesús llegaba, salió a encontrarlo, pero María se quedó en casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.  Pero también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le dijo: «Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final».

Le dijo Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?»

Le dijo: «Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de dios, que vas venido al mundo».

Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: «El Maestro está aquí, y te llama».

Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y fue a él. Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: «Va al sepulcro, a llorar allí».

María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verlo, se postró a sus pies, diciéndole: «Señor, si hubieras, estado aquí, no habría muerto mi hermano».

Jesús entonces, al verla llorando y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y preguntó: «¿Dónde lo pusisteis?»

Le dijeron: «Señor, ven y ve»”.

 

La Biblia dice que sin fe es imposible agradar a Dios, y hay cosas que no solo requieren de fe; porque hay gente que tiene una fe inquebrantable pero son incapaces de rendirse delante de Él; porque Marta tenía fe, pero le hacía falta algo más.

Hay veces que tu fe no puede ir por encima de Su voluntad. María le dijo a Jesús las mismas palabras que Marta le había dicho, pero la diferencia fue María se postró delante de Él; Marta no.

Jesús no se estremeció porque la gente estaba llorando, Jesús se estremeció cuando vio a María rendida a sus pies. Jesús se estremece cuando te ve rendido o rendida a sus pies, porque hay cosas que no se consiguen solo con fe, sino que también requieren rendición.

Cuando tú te rindes provocas que los tiempos se aceleren, y muchas veces Dios detiene los tiempos para ti, porque no ha visto rendición en ti.

¿Quieres que los procesos se aceleren en tu vida? Ríndete. Solo a través de la rendición delante de Jesús, podrás acelerar los tiempos y recuperar el que has perdido.

A cada uno de nosotros nos toca correr una carrera, y tu vecino o pareja no la puede correr por ti; es personal. ¿Puede una persona terminar la carrera aún y cuando ha perdido el tiempo? Por supuesto que sí. Mira a Saulo de Tarso: Él había perdido el tiempo persiguiendo a gente y a la iglesia, porque él no estaba en las manos de Dios; porque estaba basado en sus propios conceptos y creencias. Pero hubo un día en que yendo camino a Damasco un resplandor se le apareció y “cayendo” en tierra cambió su vida. De entrada se rindió delante de Dios.

Hechos 9.3-4 (RV) dice así:

“Pero, yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente lo rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»”.

 

¿Quieres ver cómo Saulo recuperó el tiempo perdido? 2ª Timoteo 4.7 (RV) dice así:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”.

Saulo terminó la carrera antes de tiempo. Solo se rindió y Dios aceleró los tiempos en su vida.

 

Dios hoy va a acelerar los tiempos en muchos, pero se necesita una cosa: rendición. Muchos de ustedes han perdido el tiempo, ya sea por no obedecerle, por orgullo, por soberbia o rebeldía. Pero hoy ese tiempo perdido Dios lo va a restituir. Un corazón rendido delante de Dios tienes que presentarle, porque tu corazón no puede estar en mejores manos que en las manos de Él.

El pecado te aleja del propósito divino de Dios, la rebelión te aleja de las manos de Dios;  el orgullo te aleja de sus manos. Dios quiere tenerte cerca de Él, que tú puedas sentir sus huellas en tu vida.

Hoy Dios va a empezar a quitar toda piedra de tu vida. Reconoce que has estado vagando sin rumbo fijo fuera de sus manos, fuera de su formación. Ya deja de darle excusas a Dios, simplemente ríndete delante de Él; y deja que Dios empiece a acelerar los procesos en tu vida.

El Espíritu Santo hoy empieza a quitar toda piedra de tu vida, que impida que tú te puedas rendir delante de Dios. Hay algunos que van a empezar sentir un quebranto de corazón, no lo detengas, es el Espíritu Santo.

¿Cuál es tu muerto te pregunta hoy Jesús? ¿Es tu matrimonio?, ¿es tú vida espiritual?, ¿son tus finanzas? Ríndete delante de Dios porque Él hoy va camino a resucitar aquello que está muerto en tu vida.

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

Pastor Alfonso Bocache

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