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LEVANTÁNDONOS

Los que se acomodan tienen el riesgo de retroceder. Tener una mala actitud te puede hacer retroceder, por eso no solo basta con tener la capacidad o el talento sino también el tener una buena actitud.

Salmos 24.7-10 dice así:

“¡Alzad, puertas, vuestras cabezas! ¡Alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria! ¿Quién es este Rey de gloria? ¡Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla! ¡Alzad, puertas, vuestras cabezas! ¡Alzaos vosotros, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria! ¿Quién es este Rey de gloria? ¡Es Jehová de los ejércitos! ¡Él es el Rey de Gloria!”

 

Aquella persona que tiene su cabeza puesta hacia el suelo, no es capaz de ver al Rey de Gloria. Cuando tú tienes una actitud que no demuestra que estás en las manos de Dios, constantemente vas a estar viendo al suelo. Del suelo no viene el recurso para poder pagar esa deuda que tienes, del suelo no viene el recurso para poder sanar a ese amigo o familiar que está enfermo; del suelo no viene ningún recurso. En tus manos puede reposar la Gloria de Dios, si lo crees.

Cuando tú no tienes la actitud correcta, no puedes ver a ese Rey de Gloria en tu vida; y te vuelves un incrédulo. Dios es un Dios bueno y de amor, y todos los días estrenamos sus misericordias; pero hay una facultad que tiene El Señor Jesús, y es que Él es el Rey de los ejércitos, el Dios Todopoderoso y que se levanta por ti a pelear la buena batalla de la fe.

Hay batallas que tú debes de pelear y que debes de levantarte de tu comodidad. Cuando tú hijo empieza a desviarse eres tú el que debe de levantarse a batallar por él; cuando la economía en la casa no se encuentra bien, eres tú quien se debe de levantar por tú familia, por tu hogar. Hemos estado esperando mucho en Dios, pero ya es tiempo para que tú te levantes a pelear la buena batalla.

Los tiempos de guerra para pelear por nuestras promesas, comienzan hoy. Si algo no te ha salido bien en lo que va del año, es tiempo para que te levantes y que dejes toda comodidad para que te conectes con su Espíritu Santo.

Existen dos diferentes tipos de actitudes en las personas: 1) Las que están en las manos de Dios; y 2) Las que están esperando de Dios. Hay oraciones que hacemos que no son eficaces, que hacen que Dios no preste atención a lo que pedimos.

Proverbios 30.8-9 dice así:

“Vanidad y mentira aparta de mí, y no me des pobreza ni riquezas, sino susténtame con el pan necesario, no sea que, una vez saciado, te niegue y diga: «¿Quién es Jehová?», o que, siendo pobre, robe y blasfeme contra el nombre de mi Dios”.

 

Aquí no se refiere al pan del modelo de oración del Padre nuestro que Jesús enseñó en Mateo; al pan al que se refiere aquí es a la miseria y escasez de pensamiento para poder considerar que Dios es un Dios poderoso.

La actitud de este hombre dependía de lo que Dios le iba a dar, porque si Dios le iba a dar mucho se iba a olvidar de Dios, y si Dios le daba poco podía ir hasta robar. Tu actitud delante de Dios no puede depender de las bendiciones que Él te dio.

Existe un momento exacto en el que Dios desciende cuando has peleado la buena batalla de la fe. Por eso Pablo decía que había aprendido a vivir en la abundancia y en la escasez. El problema es que no aprendemos a vivir, porque estamos tan acostumbrados a las cosas buenas que cuando viene la escasez no nos damos cuenta que estamos siendo formados en las manos de Dios.

Ya es tiempo que nosotros involucremos a Dios en nuestros planes, porque lo hemos dejado a un lado. Dile a Dios que a partir de hoy lo vas a involucrar en tus planes.

Juan 5.1-8 dice así:

“Después de esto había una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

Hay en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua, porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque y agitaba el agua; el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviera. Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: «¿Quieres ser sano?» El enfermo le respondió: «Señor, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; mientras yo voy otro desciende antes que yo».

Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda»”.

 

A veces solo queremos escuchar lo que ha pasado en la vida de las personas y no creemos que la nuestra pueda ocurrir milagros, pero el día de hoy un milagro va a ocurrir en tu vida.

¿Qué clase  de pregunta es la que Jesús le hizo al enfermo? ¿Quién no quisiera ser sano si padece de alguna enfermedad?

Hay dos razones por las que Jesús le hizo esta pregunta:

  1. Porque Jesús quería que el enfermo se diera cuenta que Jesús estaba allí, porque él tenía su mirada puesta en las aguas y no en Jesús.
  2. Porque Jesús quería que él mismo hiciera conciencia del tiempo que llevaba esperando su milagro.

 

Porque cuando tu pasas más tiempo en el suelo viendo un estanque, estás desenfocado de lo que Dios quiere hacer contigo.

¿Por qué Jesús no hizo lo mismo con el resto de personas? Porque Él quería que sacar de adentro del corazón del invalido lo que Dios hoy quiere sacar de nuestro corazón.

Cuando estás pasando un mal momento en tu vida, porque tu situación económica es mala, tienes algún pariente enfermo, o tienes problemas grandes, lo primero que tienes que hacer es LEVANTARTE. Si tu hoy te levantas tus problemas se van a empezar a quitar de tu corazón porque es allí donde más aferrados están. Porque cuando tú te levantas, empiezas a reconocer la voz de Dios en tu vida y los milagros empiezan a ocurrir.

Un inválido espiritual es uno que solo recibe palabra y no cree. Este hombre en 38 años tuvo un momento de lucidez. Pero algo complicado sucedería en la vida de este hombre si se levantaba, y era que cedería el espacio que ocupaba a alguien enfermo y eso podría representar quedar más lejos de las aguas. Por eso el hombre tenía que renunciar a todo ángel y a cualquier estrategia humana que lo acercaran a su milagro, pero era un acto de fe, porque él tenía enfrente al Salvador del mundo, que no requiere de aguas ni de ángeles para hacer el milagro que esperas.

La misma pregunta de Jesús invitó a dos cosas a este inválido: 1) a tomar una decisión; y 2) a tomar una acción.

Cuando nuestro Señor Jesús caminó directo a la cruz; Él iba cansado, iba agotado, pero el caminó considerando a cada uno de los que están aquí y a los muchos que hacen falta.

Levántate hoy y deja que el amor de Dios opere en tu vida. Pablo le dijo a la iglesia de Tesalónica: “Conviértanse y sírvanle al Dios vivo y verdadero”. No te hablo de convertirte al cristianismo sino de convertirte de la situación negativa que estás viviendo. 

Muchos de nosotros tal vez hoy hemos estado amedrentados por gigantes como lo estaba el pueblo de Israel.

1ª Samuel 17.45-46 dice así:

“Entonces dijo David al filisteo: «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mis manos, yo te venceré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo entregaré tu cuerpo y los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios en Israel»”.

Hoy Dios entrega en tus manos el poder para hacer milagros y para levantarte. Dile hoy al enemigo que se ha equivocado de cristiano, porque tú hoy te levantas y levantas tus manos.

¿Cuándo va a ser el día que animes a creer? Que el poder de Dios sea hoy manifiesto en tu vida; recibe en tus manos el poder de Dios para hacer milagros y para levantarte de toda incapacidad que el enemigo te hizo creer que tenías.

Levántate hoy y rompe toda maldición sobre tu vida, avanza y no te detengas, guerrea y lucha por tus bendiciones. Deja las muletas y las camillas que te habían hecho creer que tu lugar era estar detenido.

Si algo necesitas en tu vida es que Jehová de los ejércitos habite en tu corazón. Ábrele hoy tu corazón a Jesús para que hoy te levantes y corras en pos de Él.

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

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