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HONRANDO A MIS ABUELITOS

Salmos 119.32 dice así:

“Por el camino de tus mandamientos correré cuando ensanches mi corazón”.

 

Cuando conoces a Jesús y lo recibes en tu corazón hay algo que se acelera en tu vida;  y tú quieres aprender sus mandamientos y deseas correr por ese tiempo que hemos perdido mientras estuvimos lejos de Él. Y esos mandamientos que son capaces de ensanchar tú corazón, tienen principios que son fundamentales para nuestra vida.

El primer mandamiento con promesa en la Biblia es Éxodo 20.12 que dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da”.

Cuando honramos a las autoridades que Dios ha puesto sobre nuestras vidas, recibiremos esta bendición: nos irá bien y seremos de larga vida.

No importa el tipo de padres que hayas tenido, porque Dios no te manda a honrarlos dependiendo de cómo se hayan portado, o si hicieron cosas buenas o malas; Dios te manda a honrarlos sin importar lo que hayan hecho, porque no nos corresponde juzgarlos, sino de honrarlos; ellos darán cuentas a Dios de lo que hicieron.

Honrar a los padres es representarlos de la mejor forma.

Levítico 19.32 dice así:

“Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano. De tu Dios tendrás temor. Yo, Jehová”.

 

Debemos de respetar a nuestros mayores. Cada vez que tú veas a una persona mayor entrar a un lugar, levántate y salúdalo con el honor que merece; al final la bendición será para ti. Que no te importe si se equivocó porque no te incumbe juzgarlo, a ti te corresponde honrarlo. A veces creemos que las razones van por encima de los principios y no es así. Puedes tener muchísimas razones y estar molesto con tus autoridades, pero las razones nunca van por encima de los principios. Jesús estaba el Getsemaní y tenía muchas razones para no ir a la cruz: era inocente, no le debía a nadie, no le había hecho mal a ninguno; pero a pesar de ello rindió su voluntad delante del Padre.

A veces confundimos la amistad con el respeto, y nos cuesta manejar la amistad y el respeto a la autoridad, porque son dos cosas diferentes. La autoridad es capaz de llevarte a otro nivel en tu vida a través de la guíanza y corrección, mientras que tus amigos te apoyan en todo lo bueno o malo que hagas. La amistad no te da el derecho de romper un principio de autoridad y de faltar el respeto.

El que no respeta a sus mayores nunca va a respetar a Dios, porque el que no respeta al que ve, mucho menos va a respetar al que no ve. Muchas veces creemos saber más que nuestras autoridades y rompemos el principio, pero el principio jamás te dejará llegar lejos, aunque sepas más.

Jacob tenía un hermano que se llamaba Esaú, y él era el primogénito pero resulta que Jacob termina quedándose con la primogenitura. Jacob se le adelanta a Esaú y toma la bendición de su padre, mientras Esaú andaba de caza. Pero años antes Esaú había menospreciado la bendición de la primogenitura por un plato de lentejas; mientras que Jacob apreciaba esa bendición que viene de una autoridad. Nunca menosprecies la bendición que tiene una autoridad. Años atrás Dios le había dicho a Abraham en Génesis 12.3: “Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

Dios le había dicho a Abraham que la única forma de sacarle bendición a Dios, era bendiciendo a Abraham. Esaú menospreció la bendición de una autoridad, y dice aun en Hebreos 12.17, que con lágrimas anhelo la bendición pero ya no hubo oportunidad para él. Nunca menosprecies la bendición que una autoridad puede darte a pesar de tener errores en su vida, porque hay una bendición que solo de ellos podemos obtener, y la única forma de alcanzarlo es bendiciéndolos y honrándolos.

Génesis 32.9-12 dice así:

“Luego dijo Jacob: «Dios de mi abuelo Abraham y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: ‘Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien’, ¡no merezco todas las misericordias y toda la verdad con que has tratado a tu siervo!; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora he de atender a dos campamentos. Líbrame ahora de manos de mi hermano, de manos de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera a la madre junto con los hijos. Y tú has dicho: ‘Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que por ser tanta no se puede contar’»”.

 

¿Quién le enseñó a Jacob a servirle a Dios? Su abuelo Abraham. ¿A quién le dieron la promesa en primera instancia? A Abraham, pero Jacob se adueñó de ella. El mismo Dios de las generaciones estaba con Israel, cuando les dice: El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Jacob tenía que recibir la primogenitura y se fue sin nada, él debió de salir con algo material pero no pudo porque su hermano lo impidió, porque tuvo que salir huyendo de él. Llega un momento en su vida en que Jacob no tiene nada, pero era hombre de honor y tenía presente la promesa que había sobre su abuelo y padre.

Jacob jamás se levantó contra su hermano. Nunca te levantes contra tu hermano, por más razones que tengas, porque Dios tratará con él, a ti te corresponde bendecirlo. Abraham les dejó más que dinero a Isaac y a Jacob; él dejó una palabra y una promesa a ellos, que no importando qué tuvieran, ese mismo Dios que pudo hacerlo grande a él y darle un hijo en su vejez, era el mismo Dios que estaba con Jacob. Porque si eres capaz de marcar generaciones con la Palabra Dios, no importa si tienen o no tienen, con la Palabra de Dios saldrán adelante y serán generaciones de honor.

Jacob tuvo un hijo famoso: José. Sus hermanos lo envidiaban tanto que lo vendieron, va a parar a la casa de Potifar, no se acuesta con la esposa de él y por eso va a parar a la cárcel, y Dios lo lleva a ser gobernador de Egipto. Y Jacob su padre ya estaba anciano.

Tanto Jacob, José y David padecieron de persecución de sus propios hermanos. A estos tres grandes hombres, Satanás trató de robarles su bendición; a los tres los quiso hacer caer en deshonra, pero ninguno de los tres cayó; porque sabían que la pelea no era contra su familia sino contra el adversario. No te desenfoques de los principios porque de lo contrario perderás la batalla.

El que padece de deslealtad siempre habla por detrás, nunca de frente. Bendice a aquellos que te deshonran y Dios te recompensará.

Dice la Palabra que Jacob ya estaba entrado en años, y su vista se estaba nublando cuando José toma la decisión de llevarle a sus hijos, nietos de Jacob, para que él los bendijera. Le llevó a Manasés que significa “Dios me hizo olvidar”; y a Efraín que significaba “Dios me hizo fructificar”. Y en esa época los nombres marcaban un destino, por eso era importante el significado de ellos.

Pero Jacob aún tenía mucho que enseñarle a José. Nunca menosprecies el consejo de la autoridad, no importa qué tan alto hayas llegado. Llegan los nietos a la presencia de su abuelo. José le pone a Manasés, el mayor, a la derecha de Jacob y Efraín a su izquierda. Y Jacob en ese momento, cruza las manos, poniendo la mano derecha sobre Efraín y la mano izquierda sobre Manasés, el primogénito. José se disgustó y le cambió de nuevo las manos a Jacob. Pero Jacob invirtió de nuevo las manos, poniendo su derecha sobre Efraín y su izquierda sobre Manasés. José le aclara a su padre que el primogénito no era Efraín sino que era Manasés. Pero Jacob le aclara a José que ese no era el orden que Dios tenía para él, porque su pasado no podía estar primero que el gran futuro que Dios tenía para él. Primero van las promesas de Dios, primero la Palabra de Dios antes que tu pasado.

José murió rodeado de sus hijos, y les pidió que no dejaran sus huesos en Egipto. José instruyó a sus generaciones a seguir a Dios, y a mantenerse en sus mandamientos y principios.

Hoy voy a pedirle a los abuelos que bendigan a sus nietos, tal y como lo hizo Jacob con los suyos. Que hoy puedas bendecir tus generaciones, con tus palabras. Que declares cielos abiertos sobre sus vidas, que declares una estrecha relación entre Dios y tus nietos.

Abuelos yo les tengo una palabra más de Dios y es esta:

Por más grande que tú estés hoy, yo te conozco desde antes que nacieras; y si algo prometo en tu vejez, es que te voy a sostener; aunque estés viejo y peinando canas, mi presencia estará contigo. 

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YO SOY – UN HÉROE DE FE

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