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¿PARA QUÉ FUI CREADO?

Dios es un Dios creador, todo lo que vemos y aun lo que nuestros ojos no ven ha salido de Dios. Él es un creador por excelencia. El diablo por su lado es imitador, pero es un mal imitador.

Dios tiene diseños y modelos, y el deseo de Él es revelarlo a la humanidad. Moisés subió al monte, y Dios le mostró un modelo de algo que estaba allá arriba, el Tabernáculo.

Todos debemos de conocer nuestro diseño original, porque conocerlo nos va a hacer mucho más fácil nuestro caminar por esta Tierra.

Juan 5.17 dice así:

“Jesús les respondió: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo»”.

¿Cuál es el trabajo de Dios, El Padre? Es crear. Él siempre va a estar creando nuevas cosas.

Colosenses 1.16-17 dice así:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”.

El trabajo del Padre es crear todas las cosas, y el trabajo de Jesús es traer esos diseños del Padre y establecerlos aquí en la Tierra. Y ese es el deseo del Padre para con nosotros, que tu traigas todos esos diseños, creaciones, proyectos aquí a la Tierra.

Cuando Jesús dijo esto, estaba en el contexto de aquel enfermo del tanque de Betesda, quien tenía treinta y ocho años esperando su milagro, mediante el ángel que bajaba y agitaba las aguas. La Biblia no dice exactamente qué padecimiento tenía, pero el Padre ya tenía el diseño que este hombre necesitaba, y Jesús lo que hizo fue traer ese diseño a la Tierra, que éste hombre necesitaba, el ser sano; y eso es que el dominio, el gobierno de Dios venga aquí a la Tierra, y eso es lo que Dios espera que sus hijos hagamos aquí en la Tierra.

Génesis 1.1 dice así:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Aquí se revela la Omnipotencia de Dios, quiere decir que de la “Nada” Dios hace todo. ¿Cuál fue el primer diseño? Dios creó una conexión entre el cielo y la tierra. En el corazón de Dios siempre ha existido un deseo de que la Tierra sea un anexo de lo que hay en el cielo, de hecho muchas cosas que vemos aquí en la Tierra, hay en el cielo, por ejemplo: animales, árboles, ríos, etc.

Lo primero que el Padre crea es una conexión entre el cielo y la Tierra; y esto fue lo que Satanás destruyó en el huerto. Cada vez que tú pecas, destruyes esa conexión entre el cielo y la tierra (tú).

Génesis 1.2 dice así:

“La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.

Lo que provoca a Dios ordenarlo, es cuando encuentra algo desordenado y vacío. Nuestra vida estaba desordenada y vacía cuando no teníamos a Jesús. Y Jesús empieza a ordenarla.

Efesios 1.3-5 dice así:

“Demos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo por las bendiciones espirituales que Cristo nos trajo del cielo. Desde antes de crear el mundo Dios nos eligió, por medio de Cristo, para que fuéramos sólo de él y viviéramos sin pecado.

Dios nos amó tanto que decidió enviar a Jesucristo para adoptarnos como hijos suyos, pues así había pensado hacerlo desde un principio”.

 

El diseño de Dios para tu vida fue: 1) Que fueras sólo de Él; y 2) Que vivieras sin pecado. Antes de la fundación del mundo, tú ya estabas en la mente de Dios.

Hay ciertos diseños que tú ya llevas en tu ADN; uno de ellos es la adoración. Tú llevas en tu ADN el deseo de adorar. La gente cuando no conoce a Dios, va a adorar a alguien más que no es Dios, porque fuimos creados para adorar.

Cuando nosotros adoramos a Dios, tenemos automáticamente una conexión directa con el cielo. La adoración es más que un cántico, es adorar a Dios con tu vida misma, desde que te levantas hasta que te acuestas.

Cuando los sabios vieron la estrella de Jesús en el cielo, automáticamente sintieron el deseo de ir a adorarlo. Hay señales y revelaciones que vienen a nuestra vida y que provocan adoración.

La Palabra dice que fuimos constituidos en reyes y sacerdotes. La función de un sacerdote era adorar a Dios; porque ellos habitaban en la presencia de Dios. El rey es aquel que gobierna, que trae la revelación del cielo y lo establece en la tierra.

1ª Corintios 2.9 dice así:

“Antes bien, como está escrito: «Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman»”.

 

¿Cuántos quieren ver algo que nunca han visto? ¿Cuántos quieren oír algo que nunca han oído? Hay una diferencia entre la gente que conoce a Dios y otra que ama a Dios. Tú puedes conocer a Dios pero eso no significa que lo ames. Cuando tú amas a alguien es porque lo conoces. Dios te está diciendo que tiene revelaciones que nunca han sido dadas a conocer y que te las quiere dar a ti, solo si lo amas; y para ello te tienes que meter en adoración. Tú no puedes pretender amar a Dios si no lo adoras.

¿Por qué desea Dios que lo adoremos? El desea que tú lo conozcas. Adorar significa volver a Dios, y volver a Dios significa volver al diseño original. Mientras más tiempo apartes para Dios, más vas a saber quién eres tú.

A veces nos importa más lo que la gente diga de nosotros, porque ellos son los que nos dicen quiénes somos, en vez de querer saberlo de parte Dios.            

Salmos 22.27 dice así:

“Se acordarán y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti”.

Cuando tú te acuerdas y vuelves a Dios, tu primera reacción es adorar a Dios. ¿Sabes por qué no conoces más de Dios? Porque sólo vuelves a Él cuando estás en problemas, y se vale; pero la relación con Dios es más que esto.

Dios está en todo lugar, pero no en todo lugar se manifiesta porque Él es Omnipresente. Yo no deseo que Dios nos visite, yo deseo que Dios habite en este lugar. ¿Dios es un inquilino en tu casa o Él habita en tu hogar? Dios habita donde es celebrado, donde se le escucha.

Cuando Jesús visita a Marta y a María, te recuerdas que Marta estaba afanada y turbada con todos los quehaceres del lugar; sin embargo María fue una mejor anfitriona que Marta sin hacer nada, porque Marta le ofreció su casa, pero María le ofreció su tiempo y corazón. ¿Qué le vas a ofrecer tú a Jesús? Un buen anfitrión es aquel que escucha. Hay veces que retumban solo tus peticiones cuando estás en su presencia, y no permites que Él también te hable.

Cuando oramos nosotros buscamos a Dios, pero cuando adoramos a Dios, Él nos busca a nosotros. Este pensamiento me llevó al pasaje de los diez leprosos. Dice que con gran voz le gritaron los 10 a Jesús, pero dice que únicamente 1 regresó a Jesús y se postró delante de Él.

Lucas 17.17-18 dice así:

“Jesús le preguntó: «¿No son diez los que han quedado limpios? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios sino este extranjero»”.

 

Dios busca adoradores. Cuando tú adoras a Dios Él empieza a buscarte a ti, porque Jesús preguntó por los nueve restantes. Cada vez que Jesús te bendice y no te encuentra adorándole, empieza a preguntar por ti.

Jesús estaba buscando a alguien que volviera. La recompensa de aquel que ora jamás será la misma que aquel que adora. Los diez recibieron sanidad, pero uno solo volvió y Jesús no lo despidió solo así, sino que le dijo: “Levántate, vete; tú fe te ha salvado”.

La sanidad la necesitaba para estar aquí en la tierra, pero de paso Jesús le revela que había un lugar para él en el cielo, porque no solo fue sano sino que también fue salvo.

Si tú no le adoras, entonces las piedras lo harán.

Hay diseños que están detenidos porque no adoramos a Dios, porque no volvemos a Él.

La mujer del flujo de sangre obtuvo sanidad tocando nada más el borde del manto de Jesús. Cuando tú te acercas con fe, hay poder que sale de Jesús. Pero hay gente que se conforma con tocar nada más el borde del manto de Jesús, pero hay otra gente que anhela más de Él. La mujer del perfume llega a donde Jesús estaba; a ella ni siquiera la habían invitado, se coló. Pero ella sabía lo que iba a hacer.

Lucas 7.38 dice así:

“Y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los secaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume”.

 

La mujer derramó un perfume (adoración) y no fue necesario incluso abrir su boca para adorarlo. Únicamente con sus lágrimas y perfume que soltaba adoró a Jesús como nadie de esa mesa lo había hecho. Pero mira lo que dice en el versículo 44:

“Entonces, mirando a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies; pero ella ha regado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos»”.

 

Cuando tú vives una vida de adoración y de intimidad, es Jesús quien da testimonio de ti. No necesitas abrir tu boca, Él lo hace. Jesús se volteó porque la gente que adora a Dios, llama la atención de Dios.

Dios me dijo que a partir de hoy, Él se voltea hacia nosotros por toda la adoración que por años le hemos dado.

Cuando tú te vuelves a Dios, Él se vuelve a ti. ¿Te imaginas a Jesús poniéndote atención a ti, y mirándote sólo a ti? Solo a través de una adoración pura puedes lograr eso.

Jesús tiene tesoros para ti, vuélvete a Él; conócelo. No busques afuera lo que sólo Jesús puede dar a tu vida.

Jesús va a empezar a susurrar a tu oído: No hay necesidad de que alguien más te diga lo que tú eres. Tú no eres lo que el diablo te ha dicho, lo que tus amigos te han dicho, incluso lo que tus padres te han dicho que eres. Tú eres lo que Dios diseñó.

 

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

Pastor Alfonso Bocache

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