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DISEÑADOS PARA DECIDIR

DISEÑADOS PARA DECIDIR

Génesis 3:14 dice así: 

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida”.

Detrás de cada hecho hay una decisión, fuimos diseñados para decidir. Pero hay muchas decisiones que traen hechos que no son los mejores. Aun la serpiente convenció a Eva que hiciera un acto que no agradara a Dios, nosotros debemos de aprender a decidir en base a los principios de Dios.

En nuestra vida puede existir mucha unción, palabra, promesas, dones y talentos pero lo que realmente marca nuestra vida son las decisiones que tomamos y estas incluso afectarán a nuestras generaciones. Estas deben de ser tomados en base a nuestras oraciones y respuestas de Dios, no en base a lo que nosotros sentimos o pensemos. Aunque sea difícil muchas veces el decidir acerca de algo, debemos de aprender a hacerlo porque no hay peor cosa que una persona que no toma decisiones y muchas veces las indecisiones pueden causar más daño que una mala decisión. 

Hoy vamos a aprender de un gran hombre de Dios que se equivocó en algunas decisiones y así como nosotros podemos también equivocarnos debemos de tener en cuenta que tenemos un Dios de misericordia que aunque nos equivoquemos Él nos perdona y nos enseña a salir adelante.

2ª de Samuel 11.1 dice así:

“Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén”.

Todos los reyes andaban en la guerra pero David decidió quedarse en Jerusalén. Se encontraba en un lugar donde no debía de estar, era un momento de guerra donde debía estar afrontando la batalla.

A veces nos toca pelear tantas batallas pero dejamos una puerta abierta en donde puede meterse la decepción o la tristeza o algún otro sentimiento que nos hace flaquear y no querer pelear la batalla.

2ª de Samuel 11.2 dice así:

“Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa”.

Y vuelve a tomar una segunda decisión errónea de quedarse observando a la mujer; y así como nosotros en nuestra vida siempre tendremos la oportunidad de quedarnos viendo algo que no es correcto o simplemente dejar de ver. Dios siempre nos da la oportunidad de decidir pero debemos de aprender a hacerlo correctamente.

2ª de Samuel 11.3-5

“Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: «Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo». Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa”.

 

Por tercera vez David toma una decisión incorrecta de mandarla a llamar y peca con ella. Y usualmente sucede que al tomar una mala decisión se desencadena una seria de malas decisiones. Es por eso que la decisión inicial debe ir tomada en base a los principios de Dios. 

Así como este gran hombre, El Rey David que amaba a Dios y vivía conforme a su corazón, nos puede suceder a nosotros. Ya que una mala decisión trajo a su vida una mala consecuencia. 

Los hechos que hoy vivimos son por las decisiones que hemos tomado en nuestro pasado pero hoy debemos pactar con Dios de decidir con Él y nos abrirá puertas y nos sorprenderá aún en el tiempo que resta del año. Aunque no quedemos bien con el resto del mundo debemos quedar bien ante los ojos de Dios.

Salmos 32.5 dice así

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: «Confesaré mis transgresiones a Jehová»; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”.

Ante todo debemos de reconocer aquellas decisiones que hemos tomado mal, y no enojarnos como a menudo hacemos. Lo increíble del Rey David no era que no cometiera errores sino pudo reconocer sus errores y afrontarlos. Y de esta manera debemos hacer nosotros, en vez de estar repartiendo culpas a los demás, pedirle perdón a Dios por no decidir conforme a su palabra y basarnos de ahora en adelante en su palabra porque la confesión trae libertad.

2ª de Samuel 12.1-7 dice así:

“Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: «Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él». Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: «Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia». Entonces dijo Natán a David: «Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl».

A veces estamos tan ciegos con las decisiones que tomamos y al igual que David, nos enojamos; aunque estas mismas hayan lastimado a otras personas. Pero bendito Dios por la figura de Natán que Él manda a nuestra vida para abrirnos los ojos y nos permiten ver nuestros errores.

Y si hoy nosotros formamos parte de una mala decisión que alguien más tomó por nosotros o nos lastimo por sus malas decisiones, no te preocupes porque Dios va a honrar y bendecir tu vida.

David entendió que su carne necesitaba visitaciones, y nosotros necesitamos el toque del Espíritu Santo. Debemos de enseñarle a nuestra carne quién es Dios en nuestra vida para que nuestras decisiones no sean las mismas. 

Ve delante de Dios para hacer Su voluntad, porque es perfecta para nuestra vida. Decidamos seguirlo a Él porque muchas veces estamos a horas de ver la mano de Dios.

 

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