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DISEÑADOS PARA CELEBRAR

Todos nosotros fuimos diseñados para celebrar, si observas tu vida te puedes dar cuenta que constantemente te encuentras celebrando los acontecimientos, se celebra el nacimiento de un bebe, se celebra cuando un niño da sus primeros pasos o sus primeras palabras; celebramos los cumpleaños, celebramos acontecimientos que evidencia el esfuerzo realizado: graduaciones, promociones en el trabajo. Celebramos por los matrimonios, aniversarios. Tenemos una naturaleza que le gusta celebrar, sabias que incluso los cielos celebran, dice la palabra que por cada pecador que se arrepiente el cielo celebra, por cada persona que acepta a Cristo en su corazón los ángeles hacen fiesta. Fuimos creados para celebrar y Dios quiere que celebremos. Algo que nunca debemos perder para poder celebrar es la capacidad de asombro. Nunca pierdas el asombro por Dios ni por las cosas que hace, porque cuando tú pierdes eso, entonces corremos el riesgo de apagarnos y alejarnos de Dios. Cada vez que celebramos, entonces la llama que hay en nuestro interior se aviva y nos acerca a Dios. Vivimos actualmente un tiempo de avivamiento, por lo que debemos decirle a Dios cada vez que buscamos su presencia que deseamos que nos sorprenda.

Te hago la pregunta ¿Cuánto de lo que Dios hace en tu vida, tú lo celebras? Medita en eso. ¿Celebras, al despertar, por el nuevo día que Dios te regala? Hay muchas cosas que dejamos de celebrar porque ya las damos por hecho, ya son parte de una costumbre. En esta situación difícil que actualmente está pasando nuestro país a causa del desastre en Cambray, a ¿Cuántos les gustaría celebrar la vida? Pero muchos no pueden hacerlo porque perdieron a alguien. Debemos valorar y celebrar por cada cosa que Dios hace en nuestra vida.

 

Lucas 7:36-43

“Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Éste, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.”

La mujer era pecadora, lo que en ese tiempo hacía referencia a un grupo de personas que eran marginadas por la sociedad. Era un grupo compuesto por prostitutas, recaudadores de impuestos, ladrones, era fácil reconocerlos. Quien invito a Jesús a su casa fue el fariseo, pero no pudo celebrar el acontecimiento de que Jesús llegara a su casa a causa de su actitud, pero la mujer siendo pecadora fue capaz de disfrutar y celebrar la presencia de Jesús porque sabía quién era Él. La mujer estaba detrás porque según la costumbre, todo aquel que no había sido invitado se paraba pegado a las paredes, ella estaba parada recostada en la pared pero nunca quito su vista de Jesús y con sus actitudes demostró cuan asombrada estaba por la presencia de Jesús, ella quería celebrar a Jesús, quería honrarlo. Pregúntate ¿Por qué vienes a la iglesia? ¿Cuál es la intención verdadera de tu corazón? ¿Deseas obtener algo de Él? o ¿Quieres celebrar la presencia de Dios. ¿Será acaso por una rutina religiosa? O ¿Será por costumbre? Medita en eso, porque debes desear celebrar a Jesús tal como lo hacía esta mujer; esta mujer conocía a Jesús y sabia que había sido perdonada por medio de Jesús y es que una persona que no sabe que ha recibido el perdón a través de Jesús no puede ser agradecida con Él y menos aun celebrarlo. Esta mujer conocía mejor a Jesús que el mismo fariseo.

¿Cuántas veces nos pasa como al fariseo? Que Dios hace cosas en nuestra vida y no lo celebramos, sino que lo damos por hecho. A veces pasa que volvemos normal aquello que es sobrenatural y perdemos el asombro por Jesús a tal grado que dejamos de deleitarnos en su presencia y dejamos de celebrarlo a Él. Incluso puede suceder que todo aquello que recibes de Dios dejas de celebrarlo: tu trabajo, tu pareja, tus hijos, la vida, la salud. Buscas a Dios para que te sane de alguna enfermedad, pero no celebras por el tiempo que te tuvo sin ninguna enfermedad, y es mas celebras cuando te sana, pero no recuerdas en celebrar o dar gracias por aquellas enfermedades de las que te cuida. Debes aprender a celebrar por la vida, no dar por hecho que así debe ser.

Hace poco en un viaje a Costa Rica, visitando una iglesia a la que nos invitaron, viví una experiencia sobrenatural, pase cuarenta y cinco minutos postrada ante Dios y sentía su presencia de manera tan  única y diferente que tuve que decirle al Pastor de esa iglesia: “dile a la gente que por favor no se acostumbre a esto, que no lo vuelvan algo natural, algo cotidiano, diles que nunca dejen de asombrarse por esta presencia de Dios”

El fariseo vio lo que Jesús no veía, el fariseo vio el pasado de la mujer; Jesús vio la gratitud y el deseo de celebrarlo que tenia esta mujer. A veces nos parecemos al fariseo, porque generalmente estamos pensando en el futuro o en el pasado y no disfrutamos el presente, vivimos diciendo “Dios hará esto” o “Dios hará aquello” o “Dios me saco de esta adicción” pero no nos detenemos a disfrutar lo que Dios está haciendo hoy en mi vida, no disfrutamos que hoy tengo a mis hijos, no disfrutamos que hoy tengo una pareja, que hoy tengo una casa, que hoy tengo alimento; Jesús quería enseñarle algo al fariseo y hoy quiere enseñárnoslo a nosotros. Al igual que el fariseo tendemos a criticarlo todo y ver solo lo malo y lo negativo. Perdemos la capacidad de asombrarnos. Es cierto que dentro del reino existen personas que tienen la capacidad de buscar la perfección, que existen personalidades encargadas del control de calidad, para ver que todo se haga con excelencia. Pero no es eso a lo que me refiero, sino es que a veces dejamos de disfrutar lo que Dios nos otorga y nos regala a causa de extralimitarnos en el momento de fijarnos en esos detalles a tal grado que buscamos esos errores o defectos para tener una razón para no disfrutar y para no celebrar. Se corre el riesgo de perder el asombro por los detalles de Dios para nuestra vida. Hay regalos que recibimos de parte de Dios todos los días, que Dios te manda, pero es tu reacción la que se ve en los cielos. La vida la recibimos a diario y no todos los días nos acordamos de dar gracias. Son esos regalos a los que nos acostumbramos de los cuales Dios pregunta “¿Habrá recibido mi regalo? Porque yo hoy no recibí una palabra de agradecimiento” ¿Cómo respondes al cielo? Las reacciones hablan más que mil palabras. Cuando Dios encuentra un hijo que todos los días celebra los regalos que recibe de Él, entonces dice “mañana te sorprendo hijo mío y te daré mas”. Cuando no recibes mas puede ser porque no celebras lo que ya tienes. Hay a quienes les gusta celebrar su cumpleaños con familiares y amigos. Y a veces Dios te manda a familiares y amigos para que te sorprendan y te celebren tu cumpleaños y para que tú disfrutes, pero en lugar de disfrutar con los que te rodean te fijas en los detalles malos y por eso vives amargado, frustrado, lleno de tristeza; porque hay regalos que Dios te manda pero no los disfrutas.

 

Lucas 7:49

“Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?”

Existen tres tipos de personas, con tres actitudes diferentes

Primero: los que critican, son aquellos que siempre están viendo las cosas malas y criticando, siempre con mala actitud, siempre refunfuñando. Son los que se preguntan ¿Por qué no puedo disfrutar? Pero es a los que Dios les pide que cambien de actitud y dejen de criticar y aprendan a celebrar.

Segundo: los que siempre están buscando a Dios, pero para hacerle pregunta; como el fariseo, que buscaba a Jesús para que estuviera cerca y le contestara todas sus preguntas. Es la gente que busca a Dios para cuestionarle todo.

Tercero: son como la mujer, son los que celebran a Dios, son los que celebran la presencia de Jesús, que si Él desea puede o no contestar tus preguntas, pero el mayor deseo de estas personas es celebrar a Jesús.

 

Lucas 7:45

“No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies”

Esta mujer no llego cuando Jesús ya estaba en la casa, ella se anticipo; ella ya estaba allí, los que celebran la presencia de Jesús se anticipan, preparan su corazón antes de ir a buscar la presencia de Dios. Son los que celebran siempre cada acontecimiento de Dios en sus vidas y así como la mujer son estas personas las que sorprenden a Jesús. El beso representa alegría, ¿le demuestras tu alegría a Jesús en todo momento? ¿Vienes con un corazón alegre a la iglesia? O ¿Eres de los que solo traen penas y tristezas a Dios? agradece a Dios por todo, por tu iglesia, por tus pastores, por tus amigos, por todo, y el que celebra se hace uno con Dios y jamás sales igual que como entraste.

 

Existen dos tipos de celebración, la que nosotros le hacemos a Dios y la celebración que Dios nos hace a nosotros. Dios te celebra. A todos nos gusta que Dios nos celebre.

Lucas 15:15-19, 28-29

“Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”

“Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.”

 

Hay un día en que vuelves en sí, es el día en que te das cuenta que necesitas de Dios en tu vida, es el día en que decides cambiar el rumbo de lo que has hecho hasta hoy. Todos necesitamos ese día. Esta parábola también nos muestra tres personas:

  1. El arrimado: son los que creen que no tienen valor, cuando no sabes quién eres, cuando no tienes identidad de hijo, no vas a querer recibir las bendiciones que Dios quiere darte, crees que no las mereces, te sientes como arrimado siempre.
  2. El Jornalero: son los que trabajan, son los que creen que pueden pagar las bendiciones de Dios trabajando, tienen la mentalidad de trabajador pero no pueden celebrar, no son capaces de celebrar lo que tienen porque están pensando en trabajar para pagar lo que Dios les ha dado. Dios quiere arrancar toda estructura de jornalero.
  3. El Siervo: es la mentalidad del hijo mayor, son los que no celebran porque no tienen una relación verdadera con el Padre, son los que anteponen su servicio a su relación con Dios. le ponen mayor valor a su servicio, pero nunca tu servicio debe ser mayor que tu relación con Dios. El mayor llamado no es ser Pastor, ni Profeta, ni Evangelista; tu llamado más grande es ser hijo de Dios. Este tipo de personas jamás se sienten recompensados, porque su vista esta puesta en la recompensa y no en la relación Dios. cuando pones tu mirada en la recompensa, te vuelves un siervo y dejas de ser hijo.

El servicio sin relación, se convierte en frustración, Dios quiere que tengas una relación intima con Él, pero que tu servicio sea por amor.

 

Yo no sé cómo fue tu papá, quizás era alguien que te exigía mucho y que era alguien a quien debías ganarte. Quizás piensas que tu Padre Dios es igual; pero mira que Jesús no sanaba enfermos, no expulsaba demonios, no resucitaba muertos; pero cuando fue bautizado, antes de que iniciara su ministerio es cuando el Padre dice “Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia”. Es que Dios estaba diciendo, no importa que es lo que vaya a hacer, lo amo porque es mi hijo, no por lo que hace. Muchas personas de la tercera edad cuando ya no pueden hacer lo que solían hacer se sienten como si no tuvieran ningún valor, y esto es porque pusieron su valor en lo que hacían, y no en quien son. Dios no pone tu valor en lo que haces, sino en quien tú eres. Hagas lo que hagas, nada puede cambiar mi amor por ti. Aunque yo amo a mi papá terrenal, debo contarles que siempre fue muy estricto conmigo y yo me esforzaba en hacer las cosas de forma perfecta, para ganarme la aprobación de mi papá. Cuando llegue con el Padre me di cuenta que no debía hacer nada para que el me aceptara. Cuando recibí el amor de Dios todo en mi vida cambio. Hay gente que se exige tanto que pueden llegar a destruir las relaciones en las que se encuentran, pero Dios quiere amarte así como un papá ama a su hijo pequeño, sin condiciones. Tú no le pones condiciones a tu hijo bebe, es tan solo amarlo. No importa las estructuras que tú hayas tenido a causa de tus padres terrenales, Dios no es así. Con Dios puedes llegar a otro nivel de amor, llegar a otro nivel de intimidad.

 

Lucas 15:18-21

“Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”

Dios tiene la misma acción con nosotros como la tuvo el padre de la parábola. Lo unico que puede darte tu identidad es el beso del padre. Solo el beso del padre te libra de amargura, tristeza, frustración, enojo, ira y te permite sentir el deseo de celebrarlo a Él. Disfruta y celebra cada instante cerca de la presencia de tu Padre Dios.-

 

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PRéDICA DE LA SEMANA

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