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DEL RECHAZO A LA ACEPTACIÓN

DEL RECHAZO A LA ACEPTACIÓN

Pastor Alfonso Bocache

El objetivo de este mensaje no es decirte que ya no vas a ser rechazado y que ahora todo mundo te va a aceptar; sino que del rechazo interno que tenemos muchas veces en nuestra vida, vamos a pasar a tener esa identidad y aceptación delante de Dios. Porque no podemos vivir una vida de rechazo porque su Palabra dice en Efesios 1.6 que: “somos aceptos en el Amado”. Dios nos ha aceptado, pero tenemos que tener claro que siempre seremos rechazados por unos y aceptados por otros.

Mateo 8.2 – 3 dice:

“En esto se le acercó un leproso y se postró ante él, diciendo: <>.

Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: <>. Y al instante su lepra desapareció”.

Muchas veces nosotros le preguntamos al Señor: “¿Será que tú quieres sanarme?; ¿Será que tú quieres transformarme?”; y la respuesta de Jesús es: “¡Si quiero!”. La pregunta es: ¿Si nosotros queremos? Pero como a veces está esa falta de identidad con Dios, y no vemos aceptación, de que Él está aceptando nuestra vida delante de Él; nos cuesta creer que puede hacer un milagro en nuestra vida. Por eso, el leproso le dice: “Si quieres…”, él mismo tenía un gran rechazo. Y me llama la atención, si tú recuerdas, que había diez leprosos, y que clamaban al Señor para que los sanase; y dice que El Señor oró para que fueran sanos, pero fue de lejos. Y dice que en el camino fueron sanados, pero con este leproso la situación fue diferente, porque él se acercó a Jesús para ser sanado, y dice que Jesús le tocó.

¿Yo no sé si tu sabías que los leprosos eran rechazados? Cuando ellos llegaban, llevaban una campanita. Y Jesús trató de forma diferente a este leproso; porque el primer rechazo que este hombre tenía, que incluso era más fuerte que el rechazo que le causaba la lepra externa, era el rechazo que él tenía en su corazón; porque lo rechazaban en todos los lugares y por eso llega y le pregunta a Jesús si quería sanarlo. El rechazo había causado tal efecto en el corazón del leproso, que ya no era un rechazo externo sino también interno. Él mismo se sentía rechazado, pero cuando Jesús lo sanó, primero sanó el rechazo que había en su corazón y luego lo sana físicamente.

Y es literal lo que Jesús hace con nosotros, porque la lepra es figura de pecado. Y Jesús no ama el pecado, pero ama al pecador. Nos ha dado una nueva oportunidad y hoy somos aceptos en el Amado. Qué bendición es poder ser aceptados por El Señor.

Y con este leproso primero sana su corazón del rechazo que llevaba. Los otros diez leprosos no tenían un rechazo tan grande, pero este hombre tenía un rechazo interno. Y cuando vivimos con ese rechazo no podemos ver los planes, lo que Dios tiene para nuestra vida.

Cuando nos sentimos rechazados muchas veces tenemos complejos, y tenemos que quitarnos esos complejos porque hubo alguien que ya nos aceptó. A veces queremos que amigos importantes nos acepten, cuando no hay alguien tan importante como nuestro Señor Jesús, y Él ya nos aceptó. Y si alguien puede hablarnos de rechazo es nuestro Señor Jesús.

Marcos 15.8 – 15 dice:

“Viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciera como siempre había hecho. Pilato les respondió diciendo: <<¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?>>, porque sabía que por envidia lo habían entregado los principales sacerdotes. Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltara más bien a Barrabás. Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: <<¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?>>

Y ellos volvieron a gritar: <<¡Crucifícalo!>>, Pilato dijo: <<¿Pues qué mal ha hecho?>>, pero ellos gritaban aún más: <<¡Crucifícalo!>>

Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado”.

¿Qué habrá sentido nuestro Señor Jesús cuando prefirieron a Barrabás, que era un delincuente, en vez de Él? En Él pudo haberse provocado un gran rechazo, pero Jesús sabía cuál era clave para seguir adelante con los planes: Que el rechazo nunca llegara a su corazón, que sólo fuera externo, pero no interno.

Si rechazaron a Jesús, te rechazarán a ti. Jesús, que sanó enfermos, resucitó a muertos, que expulsó a demonios y que nunca hizo un mal a nadie, fue rechazado. Todos somos rechazados en este mundo: rechazan al rico, rechazan al pobre, rechazan al gordo, rechazan al flaco, rechazan al alto, rechazan al bajo, rechazan al guapo, rechazan al feo, todos somos rechazados de alguna u otra manera.

Cuando llegan los hermanos de José delante de él, les menciona que le digan a faraón que son pastores de ovejas, porque los pastores eran abominación para los egipcios. Eso es figura de lo que sucede hoy en día. Egipto es figura del mundo, y nosotros los pastores somos rechazados por el mundo, pero cuando eres un hijo de Dios, que sabe que fue lavado con la sangre de Cristo, el rechazo no llega a tu corazón, solo es externo.

Debes de entender que siempre seremos rechazados por alguien, pero que somos aceptos en el Amado, que Jesús nos ha dado un valor y que no necesitamos la aceptación de la gente para seguir adelante, sino la de Jesús, quien nos aceptó dando su sangre por nosotros en la cruz del calvario.

Juan 8.39 – 41 dice:

“Respondieron y le dijeron: <>. Jesús les dijo: <>.

Entonces le dijeron: <<¡Nosotros no hemos nacido de fornicación! ¡Un padre tenemos: Dios!>>”.

Jesús fue rechazado por los fariseos porque no creían que Él había nacido milagrosamente por obra del Espíritu Santo. A los ojos de ellos, Él era hijo de fornicación. Jesús no dio cabida a ese rechazo.

Cuando tú das cabida al rechazo en tu corazón, vas a empezar a pensar muchas cosas y razones que te pueden llevar a tal rechazo, que no puedas seguir adelante y te vas a amargar y frustrar mucho. Y empezamos a luchar por querer ser aceptados. Muchas jovencitas hoy pierden su virginidad por querer ser aceptadas. ¿Cuántos cigarros empiezan a fumar hoy los jóvenes por querer ser aceptados en un grupo? ¿Qué has hecho por querer ser aceptado? Tienes que tener claro que siempre te van a rechazar y otros te van a aceptar. Aprende a vivir, porque te van a rechazar externamente, pero que ese rechazo no llegue ni afecte tu corazón. La falta de aceptación duele en nuestra vida, a donde entras te sientes rechazado. Todos nosotros somos tesoros porque tenemos a Jesús en nuestro corazón. Somos tan valiosos para Jesús, que Él dio su vida por nosotros. Cada vez que te rechacen, tienes la oportunidad de que tu identidad como hijo, sea probada.

Marcos 6.1 – 7 dice:

“Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y lo seguían sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndolo, se admiraban y preguntaban: <<¿De dónde saca este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?>>

Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: <>. No pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando”.

Primero se admiraban, y luego se escandalizaban. Primero algunos te van a admirar, pero luego, por el éxito que has alcanzado, te van a rechazar. Porque les leí al principio, que Jesús fue entregado por envidia. O das lástima o das envidia. Preferible dar envidia. Lo que ellos quisieron hacer en Jesús, es que Él dudara, pues para ellos nada mas era un carpintero. Para los fariseos y religiosos fue un golpe fuerte, porque creyeron que El Mesías estaba en la sinagoga, sin embargo, El Mesías estaba en una carpintería.

Ellos querían que a través del rechazo, Jesús tuviera incredulidad. Pero nunca llegó la duda a su corazón, sobre si Él era el Hijo de Dios o no. Tenía tanta identidad, que esos comentarios quedaban afuera y no entraban a su corazón. En su corazón, había seguridad de quién era Hijo. Aceptación al punto, que el que estaba asombrado de la incredulidad de ellos, era Él.

El rechazo provoca inseguridad en nuestras vidas. Vives inseguro de lo que haces. Lo más grande que tenemos no es ser pastor, no es el título que tienes, ni el empresario que eres, ni el apellido que tienes; lo más grande que tenemos es ser hijos de Dios, aceptados por Dios.

José tenía una identidad de hijo. Lo vendieron sus hermanos, lo quisieron matar, le arrancaron la túnica de colores porque le tenían envidia. Fue rechazado. Pero cuando la esposa de Potifar lo quiso hacer caer en pecado, el que rechazó al pecado fue él.

Tú rechazas al pecado, cuando entiendes la aceptación que tienes delante de Dios, y que jamás podrás denigrarte a vivir en pecado, cuando alguien ya lavó con su sangre tu vida. Cuando eres aceptado en Cristo, tú sabes que no perteneces al pecado, sino a la vida eterna; y que cosas grandes, tiene Dios para tu vida.

Marcos 8.31 TLA dice:

“Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos lo que le iba a pasar: <>”.

Cada vez que a Jesús lo rechazaban y decían: “¡Barrabás!”, Jesús sabía que ese rechazo hacia su vida, provocaría que los cielos se sacudieran, y que comenzara el plan de Dios a caminar en su vida, sabiendo que aunque era rechazado en el mundo, setenta y dos horas después, sería aceptado en el más alto lugar de honor, a la diestra del Padre. Pudieron lacerar el cuerpo de Jesús, pero no su corazón.

Juan 1.10 – 13 dice:

“En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de él; pero el mundo no lo conoció. A lo suyo vino, pero los suyos no lo recibieron. Más a todos los que recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Estos no nacieron de sangre, ni por voluntad de carne, ni por voluntad de varón, sino de Dios.”.

Hay gente que tú vas a bendecir y a formar, y que un día te rechazan. Jesús mismo hizo al mundo, y luego lo rechazaron. Pero lo que te quiero enseñar es que Jesús fue rechazado por su pueblo, y a través de ese rechazo, nosotros nos llevamos la mejor parte. Nosotros fuimos los colados. Siempre los colados, se disfrutan más las bodas.

Cuando Jesús estaba a punto de partir le dice: “Padre ¿por qué me has abandonado?” De los pocos momentos en que Jesús pudo sentir rechazo, pero no lo sintió, porque Jesús sabía que estaba dentro del plan. ¿Y sabes por qué Jesús fue rechazado? Para que nosotros fuéramos aceptados. ¿No vas a aprovechar esa oportunidad el día de hoy? Jesús te ama, no importa quién te rechace.

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Pastor Alfonso Bocache

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