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DEL DESIERTO A LA PROMESA

DEL DESIERTO A LA PROMESA

Pastor Alfonso Bocache

Deuteronomio 8.1-9 dice:

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, seáis multiplicados y entréis a poseer la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová, tu Dios, estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Te afligió, te hizo pasar hambre y te sustentó con maná, comida que ni tú ni tus padres habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. El vestido que llevabas puesto nunca envejeció, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce así mismo en tu corazón, que, como castiga el hombre a su hijo, así Jehová, tu Dios, te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová, tu Dios, andando en sus caminos y temiéndolo. Porque Jehová, tu Dios, te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, y donde no te faltará nada; tierra cuyas piedras son de hierro y de cuyos montes sacarás cobre”.

Los desiertos son de bendición y de edificación para nuestra vida. Si tú observas en el pasaje que acabo de leer, Dios les está diciendo al pueblo, cuál es el deseo para sus vidas. El deseo de Dios es de provisión sobreabundante en TODO para nuestras vidas, y no de escasez; a pesar que en los desiertos pases momentos de escasez. El deseo de Dios es que seamos exitosos y prósperos en todas las áreas de nuestra vida; porque la prosperidad de Dios no se limita únicamente al área económica, sino que abarca todas las áreas de nuestra vida.

Lo que separaba al pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto y la tierra prometida, era el desierto. Ellos deberían de haber llegado en cuarenta días, pero llegaron en cuarenta años. Ellos jamás comprendieron que era un tiempo de formación para sus vidas. Los desiertos no son para matarnos, sino para edificar y transformar nuestras vidas.

2ª de Corintios 4. 16-17 dice:

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día, pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”.

Los desiertos deben de producir en nosotros un peso de gloria. En las pruebas es donde más productivos debemos de ser. Y la gente que produce tiene buena actitud, que sabe que el desierto es su camino pero no su destino final. La tribulación del desierto no es para producir amargura sino para producir fe, gozo y cambios en nuestro corazón.

Jeremías 7.23-24 dice:

“Pero esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. Pero no escucharon ni inclinaron su oído, antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado. Fueron hacia atrás y no hacia adelante”.

Los desiertos son para aprender a escuchar a Dios; porque lo natural es que en los desiertos estás solo. Los desiertos son solitarios, y el único que puede y quiere hablarte es Dios. Aprende a inclinar tu oído en los desiertos, porque lo que estás viviendo es momentáneo. No te tardes cuarenta años, como el pueblo de Israel, en inclinar tu oído, porque Dios quiere mostrarte el camino hacia la tierra prometida. Josué y Caleb fueron los únicos de la generación que salieron de Egipto, que entraron a la tierra prometida; porque el resto se murió quejándose y murmurando. Ellos fueron los únicos que inclinaron su oído a Dios; ellos no fueron del montón.

En el desierto es donde tú tienes la oportunidad de renovar tus pensamientos. Allí es donde realizas que lo que estás viviendo, tiene un propósito.

Romanos 12.2 dice:

“No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

No le pidas a Dios que te saque del desierto con la misma manera de pensar; tienes que salir con una manera diferente de pensar, para que puedas disfrutar tus bendiciones. Aun cuando los hermanos de José estuvieron en la tierra prometida, llegó la escasez a ellos. Porque cuando tienes una mala actitud, y no has renovado tu mente, aun la bendición de Dios la puedes volver escasa.

Los israelitas estaban a once días de entrar a la tierra prometida cuando diez de los doce espías les llevaron palabras de duda y de temor. No escucharon la voz de Josué y Caleb que hablan por la fe.

Por prestar oído a la voz de los diez espías, se rebelaron. Si no dejas de ser de dura cerviz, que significa: terco, necio, dado a su parecer, rebelde, murmurador, desobediente e incrédulo; en vez de tardar días en salir del desierto, vas a tardar años. En los desiertos hay estancamiento; y también hay costumbre. Te estancas y te acostumbras a vivir atribulado.

¿Sabes por qué en ese caminar en el desierto, empiezas a dar vueltas? Porque empiezas a caminar confiando en tu humanidad, y tu humanidad es imperfecta; y te pone a dar círculos. Hoy es tiempo que dejes de caminar escuchando a tu humanidad, y que empieces a dar pasos conforme a la voz de Dios.

Dos tipos de personas salen de los desiertos: 1) Los trasformados, por el Espíritu; y 2) Los deformados, por los espíritus (espíritus de duda, espíritu de temor, espíritus de incredulidad, etc).

Los que son transformados tienen ciertas cualidades: abren camino; traen buenas noticias; cumplen; recuerdan las promesas; tienen sueños grandes; pelean hasta el final; reciben todas las bendiciones; y siempre van por más. No existe un desierto difícil para nuestro Dios. Salmos 107.35 dice: “Vuelve (Dios) el desierto en estanques de aguas, y la tierra seca en manantiales”. Los desiertos solo te alistan para las grandes victorias.

Los deformados tienen ciertas cualidades también: son negativos; tienen buenas excusas; olvidan fácilmente lo que Dios ha hecho en sus vidas; se debilitan y no reciben nada; y se conforman con la situación que están viviendo. Puedes pasar por varios desiertos, pero nunca permitas que los desiertos entren en tu corazón, porque te amargarás.

1ª de Pedro 5.7-10 dice:

“Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. Resistidlo firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Pero el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”.

No te puedes acomodar, sino que debes de velar por tus promesas. La tierra prometida previo a ser conquistada por el pueblo de Israel, estaba habitada por otros pueblos. Caleb y Josué tenían un celo por conquistar y expulsar a esos pueblos que habitan la tierra que ya era de ellos.

Dios me habló hoy en la mañana y me mostró que hay gente que está a días de salir del desierto.

Dios hoy te va a sacar de la escasez que pueda haber en cualquier área de tu vida, si le permites que hoy toque tu corazón y te transforme.

Cuando andas en aflicciones estás más propenso a mostrar tu carne y por ende, puedes ser devorado por el león rugiente. Cuando le empiezas a reclamar a Dios sobre tu situación, muestras tu carne; ten cuidado.

La decisión de alargar la estadía en el desierto es tuya. Dios te seguirá guardando, protegiendo y te seguirá enviando maná. Pero si realizas que tu paso en el desierto es por poco tiempo, y que existe un propósito en que pases por él; descubrirás que el propósito era que fueras perfeccionado, afirmado, fortalecido y establecido. Cuando estás en medio del desierto, Él mismo empieza a trabajar y a obrar en tu vida.

Si has pasado grandes desiertos y le sirves menos a Dios que antes, quiere decir que no has sido perfeccionado ni establecido. Es tiempo de que seas establecido, donde pase lo que pase, tú le sigues sirviendo, buscando y adorando a Dios.

¿Has estado en el desierto con tu alma, o con Jesús? Si has estado con Jesús, entonces has sido perfeccionado; pero si estas amargado, entonces pasaste en el desierto con tu alma. Cada desierto es una oportunidad para pasar a un nuevo nivel.

Nuestro Señor Jesucristo fue llevado por el Espíritu al desierto; cuarenta días fue llevado. Fue con el Espíritu Santo a ser probado y regresó con poder, para iniciar el ministerio más glorioso que ha existido. Cerciórate que estés en los desiertos con El Espíritu Santo; y no con los espíritus. El mismo Jesús fue formado en el desierto, porque allí le fue revelado el Trono de Gloria que le esperaba.

¿No se cuánto tiempo has estado en el desierto?, pero hoy debes de abrirle tú corazón a Jesús para que Él, a través de su Santo Espíritu, te perfeccione, te afirme, te fortalezca y te establezca. Inclina hoy tu oído, porque Jesús te llama.

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

Pastor Alfonso Bocache

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