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DEJA QUE EL AMOR DE ELEVE

DEJA QUE EL AMOR DE ELEVE

Pastor José Ordoñez

El Cantar de los Cantares es un libro de la Biblia que escribió el Rey Salomón; y es un libro que todo matrimonio debiera de leer para poder tener una relación feliz y duradera.

Después del Señor Jesús, Salomón fue la persona más sabia que ha existido sobre la Tierra. Salomón fue tan sabio que llegó a tener 1000 mujeres. ¿Cuánta sabiduría debió de haber tenido para poder aguantar a estas 1000 mujeres?

El Cantar de los Cantares es una historia de amor entre el Rey Salomón y una mujer Sulamita.

Cuando yo leo este libro lo asocio rápidamente a la trama de una novela mexicana, porque es la típica historia de un hombre apoderado que se enamora de una mujer pobre.

Este libro no tiene un orden cronológico de diálogos. Está hablando de algo, y de repente termina y empieza a hablar de otra cosa. Más adelante retoma el tema y de pronto ya no sigue; y resulta que al final lo retoma. Pareciera más un libro que fue escrito por una mujer.

Cantares 1.4 (NVI) dice:

“Regocijémonos y deleitémonos juntos, celebraremos tus caricias más que el vino. ¡Sobran las razones para amarte!”

Aquí es la sulamita la que está hablando.

Cuando yo leí que aquí la sulamita decía eso del hombre más sabio en aquel entonces, encontré que si Dios permitió Salomón escribiera eso, y que estuviera en la Palabra de Dios, ese era uno de los puntos óptimos al que debería de llegar todo matrimonio. Que al preguntarle a una esposa sobre su esposo, ella se pudiera expresar así de su esposo: “¡Sobran las razones para amarte!”

Que desde cualquier ángulo en el que la esposa vea a su esposo, siempre encuentre una razón para amarlo, para admirarlo y para valorarlo.

¿Por qué la sulamita dice eso de su amado? Porque a los hombres se nos ama a través de la admiración. La mujer ama lo que admira y admira lo que ama.

Una característica del amor femenino es que ella necesita estar constantemente, admirando a su esposo. Por eso mi mensaje para los hombres siempre es: “Gánate la admiración de tu esposa. Todos los días cuando te levantes, sea un nuevo empezar a conquistarla. Que te admire, que nunca te vuelvas repetitivo y cíclico”.

Pero a la mujer le digo: “Nunca dejes de ponderar a tu esposo”.

Para el hombre hay cosas que valen mucho en el matrimonio, una de ellas es el sexo con amor. Otra de las cosas que más valora el hombre, es que haya una mujer que lo pondere, que lo admire.

¿Por qué tienes que hacerlo mujer? Porque tu oración tiene un enorme poder sobre tu marido. El poder que Dios te ha dado para bendecir a tu esposo es inmenso y sobrenatural. Recuerda que tu esposo con ninguna otra persona es uno.

La persona más importante en tu vida, después de Jesús, debe de ser tu pareja, incluso por encima de tus hijos, porque eventualmente tus hijos se irán de la casa a formar su propio hogar.

Dios no te manda a tener una relación con tus hijos hasta que la muerte los separe, te manda a cuidar de ellos y proveerles lo necesario para que sean hombres de bien; pero no te manda a tener una relación tan pegada e importante como te lo manda a tener con tu pareja.

Cuando yo conocí a mi esposa yo era un vendedor ambulante, vendía papel higiénico y dulces por las calles de Bogotá. Siempre que yo hablaba de mis sueños, mi familia se reía. Yo no era importante para mi familia, yo no era importante para nadie, ni siquiera para mí.

Cuando yo me caso con mi princesa, yo le habló de mis sueños como lo había hecho con el resto de gente, pero la diferencia con el resto, es que ella fue la única que me apoyó, porque yo soy único en el mundo, así como lo eres tú. Habló la persona que tenía más poder y autoridad sobre mi vida aquí en la Tierra; porque yo con ninguna persona soy uno, solo con ella.

Vivimos en una sociedad que no ha entendido el valor que tienen las palabras de una mujer. Mujeres, hablen bien de su esposo, por sobre todas las cosas; aunque lo mejor que tenga sea un primo en segundo grado; porque si tú no hablas bien de él, ¿quién lo hará?

Al hombre lo define lo que él es, pero la mujer se define por su belleza.

Cantares 1.5-6 (NVI) dice:

“Morena soy, pero hermosa, hijas de Jerusalén; morena como las tiendas de Cedar, hermosa como los tapices de Salmá. No os fijéis en mi tez morena, ni en que el sol me bronceó la piel. Mis hermanos se enfadaron contra mí, y me obligaron a cuidar las viñas; ¡y mi propia viña descuidé!”

Esta mujer tenía un problema: se sentía un poco agraciada. En ese tiempo las mujeres de tez morena, no eran admiradas, eran discriminadas. Las carpas de Cedar no eran morenas, eran negras.

Ella estaba quemada porque hizo el trabajo de sus hermanos, y el hacerlo representó descuidar su viña, su propia vida, sus intereses.

Yo soy amigo de mis hijos varones, pero en pocas oportunidades me he tenido que parar frente a ellos y ubicarlos, porque su hermana no es como un amigote de ellos, su hermana es una mujer, una dama, un vaso frágil.

Vivimos en una cultura machista donde el hombre vale más y la mujer vale menos; donde el hombre es de la calle, la mujer es de la casa; donde un muchacho no puede tomar una escoba en la mano porque ese es un oficio solo para mujeres; donde los hombres no toman una olla para lavarla porque ese es un oficio de mujeres.

Ahora, si tú hombre, te sientes mal o menos hombre por lavar un plato o por tomar una escoba y barrer, tienes un serio problema de masculinidad; porque las ollas, platos y escobas son herramientas de trabajo.

Aquí el pasaje está haciendo mención a una mujer humillada; una mujer que sufrió los rigores de unos hermanos que fueron malos con ella. Pero el Rey Salomón, la ve y conoce su situación.

¿Qué hacen los hombres cuando conocen a sus muñecas, a sus princesas? Se interesan por su futuro, pero indagan de su pasado, para planear su futuro; porque toda persona tiene una historia que contar.

Cuando tú te casaste con tu pareja, él o ella traían una forma de vida de años. Fueron educados de cierta manera, seguramente traen traumas y dolores de la infancia; y también tienen sus dones y virtudes; pero en este caso no puedes nada más tomar lo bueno y desechar lo malo, sino que al casarte aceptaste el paquete completo.

Cantares 1.8 (NVI) dice:

“Si no lo sabes, bella entre las bellas, ve tras la huella del rebaño y apacienta a tus cabritos junto a las moradas de los pastores”.

El que habla ahora es el Rey Salomón. Salomón aquí le está hablando a una mujer que se sentía fea; pero él siendo un tipo sabio, supo encontrar el punto vulnerable en la vida de esta mujer; porque los hombres sabios saben encontrar los puntos vulnerables en la vida de sus esposas, y saben que su mayor responsabilidad, es construirlas donde ellas son débiles.

Salomón describe el cuerpo de la sulamita durante todo el libro del Cantar de los Cantares. Más adelante en versículo 9 la compara a una yegua enjaezada. Las yeguas enjaezadas eran animales que traían de Egipto, y eran animales imponentes, grandes, musculosos que tiraban del carruaje y eran el punto de admiración de los demás.

Desde el día en que la sulamita encontró a Salomón, encontró en él, a un hombre que la construyó.

¿Qué dices tú de tu esposa? ¿Le repites las mismas bajezas que su papá y sus hermanos le decían a ella? ¿Tú esposa se sigue sintiendo tan fea, como la hacían sentir en su colegio? ¿Sigues sacando a colación ese defecto físico que a ti no te parece, y que es motivo de tu burla? ¿Cuáles son las palabras que usas cuando tú te refieres a ella? El hablar mal a tu esposa no es de hombres sabios.

Malaquías 2.13-16 (RV) dice:

“Pero aún decís más: Cubrís el altar de Jehová con lágrimas, de llanto y de clamor; así que no miraré más la ofrenda, ni la aceptaré con gusto de vuestras manos.

Más diréis: «¿Por qué?». Porque Jehová es testigo entre ti y la mujer de tu juventud, con la cual has sido desleal, aunque era tu compañera y la mujer de tu pacto.

¿No hizo él un solo ser, en el cual hay abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.

Porque dice Jehová, Dios de Israel, que él aborrece el repudio y al que mancha de maldad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu y no seáis desleales”.

Aquí es Dios El que le está hablando a su pueblo. Dios no bendice hombres que tratan mal a sus esposas. Con dar este versículo le acabo de dar la respuesta a muchos hombres, que vienen de hace ratos pidiéndole a Dios por sus bendiciones y prosperidad, y no ven nada, y es porque tratan mal a sus esposas. O aprendes a tratar bien a tu mujer, o no vas a poder contar con Dios.

Salomón sabía que él era la respuesta para los dolores que tenía la sulamita. Él sabía que había sido llamado a encontrar las áreas de sufrimiento que tenía la sulamita, para construirla allí. Esa debe de ser la misión de todo hombre, de todo esposo, ver qué le duele a su esposa.

Todo hombre debe de vivir pendiente de lo que la mujer necesita, para que un día tu esposa te puede decir con todo su corazón: “sobran las razones para amarte”.

Cuando tu esposa llegue a los 60 años, no se puede llegar a escuchar en sus labios decir: “Yo tengo una frustración en la vida, porque yo pude haber sido…, yo pude haber hecho…”, porque si una anciana dice estar frustrada, es porque tú como esposo de ella, fuiste un incompetente por no hacer sus sueños realidad, te quedaste corto; y tú no puedes permitirte eso, porque Dios a ti te entregó una mujer en el altar, confiando en que tú podrías hacer plena su vida.

No pueden existir hombres cristianos que quieran arrebatar el cielo, y que tengan frustradas a sus esposas.

Debes hacer de tu esposa, la mujer más segura y más feliz, porque esposas seguras y felices dan como consecuencia hijos seguros y felices.

Mujeres: Perdónennos por fallarles durante tanto tiempo. Perdón por no ser lo que Dios dice que nosotros somos. A partir de hoy empieza un nuevo caminar para sus esposos, con una mente renovada en el poder del Espíritu Santo.

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