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¿DE QUÉ ESTÁS LLENO?

Las bendiciones de Dios son para llamar tu atención y para sorprenderte, no para que te alejes de Él, porque ninguna bendición te va llenar como Él.

Génesis 3.7-12 dice así:

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Cosieron, pues, hojas de higuera y se hicieron delantales.

Luego oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Pero Jehová Dios llamó al hombre, y le preguntó: «¿Dónde estás?»

Él respondió: «Oí tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo; por eso me escondí».

Entonces Dios le preguntó: «¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieras?»”.

 

El único que puede llenar nuestras vidas es Dios, ¿de qué estás lleno? Dios le preguntó a Adán si se estaba llenando de lo que Él le había prohibido llenarse.

¿Cómo sabes tú hoy de qué estás lleno? Porque la boca habla de la abundancia del corazón, ella habla de lo que estás lleno. El que se llena de amargura, habla de amargura; el que se llena de frustración, habla de frustración; el que se llena de ira, habla de ira; el que se llena de envidia, habla de envidia; pero el que se llena de la Gloria y de la Presencia de Dios habla de fe.

Dios nos hizo semejantes a Él y la boca que tienes es diseño de Él, pero tú escoges si vas a hablar el diseño de Él o el diseño de este mundo; pero hay diseño perfecto de que hablar y es el de su Reino.

Deuteronomio 30.14 dice así:

“Pues muy cerca de ti está la palabra, y en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas”.

 

No está lejos, está cerca. No está para que la veas, sino que para que la cumplas. La debes de cumplir porque te estás llenando de la vida que produce la Palabra de Dios en ti.

Proverbios 15.4 dice así:

“Las palabras que brindan consuelo son la mejor medicina, pero las palabras dichas con mala intención causan mucha tristeza”.

 

Las palabras que a veces salen de nuestra boca provocan tristeza. ¿Cuántos hemos permitido que las palabras que salen de nuestra boca produzcan tristeza? Recuerda que debemos siempre hablar del diseño de Dios.

Salmos 34.12-14 dice así:

“¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela”.

 

Cada vez que te alimentas de la Palabra de Dios, te darás cuenta de lo que empiezas a hablar porque recuerda que del corazón mana la vida.

En el matrimonio a veces hay problemas y siempre es mejor cuando estás molesto con tu pareja, ir delante de la presencia de Dios primero a rendir tu molestia delante de Él para que no permitas que de tu boca salga tristeza y puedas causar heridas en tu pareja.

1ª Reyes 18.41-45 dice así:

“Entonces Elías dijo a Acab: «Sube, come y bebe; porque ya se oye el ruido de la lluvia».

Acaba subió a comer y a beber. Pero Elías subió a la cumbre del Carmelo y, postrándose en tierra, puso el rostro entre las rodillas. Luego dijo a su criado: «Sube ahora y mira hacia el mar».

Él subió, miró y dijo: «No hay nada».

Pero Elías le ordenó de nuevo: «Vuelve siete veces».

A la séptima vez el criado dijo: «Veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar».

Elías dijo: «Ve y dile a Acab: ‘Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te lo impida’».

Entre tanto, aconteció que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo un gran aguacero. Subió a su carro Acab y se fue a Jezreel”.

 

A muchos no les enseñaron a hablar de niños, según el diseño de Dios. El mundo te enseña a ver primero y a creer después; sin embargo, Dios te enseña a creer primero, a declarar para luego ver.

No había llovido en Israel durante 3.5 años; no había nada de agua. ¿Te imaginas no tener agua durante este tiempo?

Fuimos diseñados por Dios, pero hablamos como el mundo lo hace. Habla como Dios habla. La mayoría habla lo que ve, pero debemos hablar creyendo que Dios lo hará posible.

En la multiplicación Jesús no permitió que sus discípulos despidieran a la gente por falta de comida, porque Jesús sabía que el diseño que Dios había puesto en sus labios tenía que fluir. Es un diseño de fe y de poder, que habla lo que no ve. Jesús no oró viendo las circunstancias, Él lo hizo viendo a los cielos.

Romanos 10.10 dice así:

“Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.

 

En la boca está el poder de la vida y de la muerte. ¿La palabra del diablo tiene poder? No, pero la nuestra sí, entonces ¿cómo puede el diablo llevar muerte a tu hogar? Usándote a ti para que tu boca confiese muerte y destrucción.

La Salvación es incomprable, no tiene precio. Nosotros tenemos algo que no tiene precio, es tan alto el precio, que solo gratis la podemos recibir, mediante una oración de fe.

Con la misma boca que confesó la Salvación de tu vida, con esa misma boca vivimos un infierno por las cosas que confesamos en nuestras vidas. Con la misma boca que obtuviste la Salvación, con esa misma boca destruyes todo lo que Dios pone en tus manos, porque no declaraste el diseño de Dios sobre tu vida, sino que declaraste el diseño del mundo.

Fuiste diseñado para hablar de gloria, honra y poder; y cuando te sientas frustrado ve delante de Dios para que te llene de su diseño, y hables palabras de vida y no de muerte sobre tu vida.

Deja ya de declarar muerte sobre la vida de tus hijos cada vez que estés molesto. Tu hijo no es un irresponsable, comete actos irresponsables; tú hijo no es un mentiroso, miente; ten cuidado con lo que confiesas para tu hijo.

Pídele a Dios que llene tu vida, que llene tu corazón y tu mente de sus Palabras y de su Diseño.

 

 

 

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