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DE LO QUE DICEN A LO QUE ERES

DE LO QUE DICEN A LO QUE ERES

Pastora Sofía Bocache.

Cuando tú sabes quién eres en Dios, el rechazo no puede tocar tu interior. Una cosa es lo que la gente diga de ti, y otra muy diferente es lo que tú verdaderamente eres en Dios. Tenemos muchos problemas por no saber quiénes somos. Cuando tú no sabes quién eres en Dios, fácilmente puedes ser tentado a tener envidia, a compararte con los demás. Pero hoy Dios te va a decir quién tú eres.

Mateo 16.13-16 dice:

“Al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo: <<¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?>>.

Ellos dijeron: <>.

Él les preguntó: <>.

Respondiendo Simón Pedro, dijo: <>.

Siempre vamos a tener tres diferentes tipos de opiniones acerca de quiénes somos. La primera es la opinión de los demás; la segunda es la opinión de las personas más cercanas (familiares y amigos más cercanos); y la tercera es la opinión de Dios o bien la Verdad de Dios, que muchas veces no le damos la importancia en nuestras vidas.

En Jesús puedes ver las tres opiniones: unos decían que Él era un profeta, para otros era el hijo del carpintero, pero para El Padre, era su Hijo Unigénito. La pregunta que yo hoy te hago es: ¿Cuál de esas tres opiniones es la que va a pesar más en tu vida? O ¿a cuál de las tres opiniones le vas a dar tú, más importancia?

Dependiendo de la opinión que tú más recibas, así vas a caminar y a actuar. Por ejemplo: Si alguien a ti te dice que eres un fracasado y esa opinión pesa mucho para ti, vas a caminar, actuar y a hablar como tal. Pero yo estoy segura, que Dios hoy te va a decir quién verdaderamente tú eres para Él.

Si yo te preguntara hoy: ¿Quién eres?; ¿Qué me responderías?; ¿Que eres empresario? Eso no es quien tú eres, eso es lo que tú haces. Tal vez me responderías: “Yo soy un hijo de Dios”. Está bien, pero de ese grupo de hijos, ¿quién tú eres? ¿Eres ese hijo que trata de agradar a Dios por sobre todas las cosas, que lo hace sonreír? ¿O eres un hijo que constantemente se queja delante de Él? ¿Qué tipo de hijo eres?

El problema que hay cuando no sabemos quiénes somos, es que dejamos que alguien más nos diga quienes somos. Cuando tú no sabes quién eres, la opinión de los demás es la que más va a pesar en tu vida; porque vas a tratar de agradar a las personas con tal de ser aceptado y no rechazado.

Daniel 1.3-8 dice:

“Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajera de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiera tacha alguna, de buen parecer, instruidos en toda sabiduría, sabios en ciencia, de buen entendimiento e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñara las letras y la lengua de los caldeos. Y les señaló el rey una porción diaria de la comida del rey y del vino que él bebía; y que los educara durante tres años, para que al fin de ellos se presentaran delante del rey. Entre ellos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. A estos el jefe de los eunucos puso nombres: a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.

Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey ni con el vino que él bebía; pidió por tanto al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse”.

Estos cuatro jóvenes no eran cualquier cosa, eran príncipes elegidos de Judá; y Judá era la tribu del cetro real. Y esto es algo que debemos de entender: que desde el momento que tú y yo, recibimos a Jesús en nuestro corazón, pasamos a ser personas de su reino, de un linaje real.

Estos jóvenes eran sabios, escogidos por Dios, del linaje real. Y lo primero que hace el rey, es cambiarles el nombre.

Cuando tú no sabes quién eres, alguien más te dirá quien eres. Y Dios le había dado un nombre específico a cada uno de ellos. Daniel significa “Dios es mi juez”, pero Beltsasar significa “Bel, proteja su vida”. Ananías significa “Jehová agració”, pero Sadrac significa “Desfigurado”; Misael significa “Dios es salvación”, pero Mesac significa “Ágil”; y Azarías significa “Jehová ayuda”, pero Abed-nego significa “Siervo de Nego (dios pagano)”. Los nombres que les pusieron, eran contrarios a los que Dios les había establecido. Les cambiaron el nombre, pero nunca la identidad, ni el corazón que tenían.

Y dice la Palabra que ellos decidieron no comer la comida ni bebida del rey para no contaminarse. Ellos sabían que a medida que comieran y bebieran de la comida del rey, ellos iban a cambiar su forma de ser, al igual que nosotros en este mundo. Dios te ha dado un nombre, que marca un destino y un propósito, pero muchas veces te van a querer obligar a que tú comas y tragues aquello que Dios no desea. Te van a decir tal vez que tú eres un “fracasado”, y tú seguramente te lo vas a tragar. Y por ende empiezas a caminar en base a lo que escuchaste. Pero estos jóvenes no estuvieron dispuestos a que les cambiaran su identidad. La gente podrá decirte lo que quieran, pero sí tú sabes quién eres en Dios, los resultados serán diferentes.

El sistema de hoy en día te dice cómo debes de actuar, qué carro debes de tener, qué ropa debes de vestir, qué reloj debes de portar, en qué zona debes de vivir, pero las cosas que usas no te dan identidad, solo Dios puede darte tu verdadera identidad.

Y si tú hoy vives afanado por estas cosas, es porque has perdido la identidad de quién tú eres. Estos cuatro jóvenes tenían tan clara su identidad, que no aceptaron adorar a la imagen del rey, aun sabiendo que las consecuencias serían morir en el horno de fuego; y muchas veces, ese horno de fuego es el rechazo de los demás. Hacemos lo que la gente quiere que hagamos con tal de no ser rechazados.

Tu nombre va a revelar tu propósito. Todos aquí tenemos un nombre puesto por nuestros padres, pero quiero decirte que Dios tiene un nombre específico para ti. Si tu le preguntas, Él te lo revelará, porque tú nombre revela tu propósito en este mundo. Por ejemplo Abram, que significaba “padre enaltecido”. El Señor le cambió el nombre por Abraham que significa “padre de multitudes”. A Pedro le cambiaron también el nombre. Inicialmente se llamaba Simón “caña débil”, porque era inestable; pero le cambian el nombre por Pedro que significa “Roca”, un hombre estable, definido. Ester, quien era vista por el mundo como una campesina, como una mujer huérfana, pero Dios la miraba como una reina hermosa, gobernando al lado del rey. La clave está en cómo tú te ves a través de Dios. Si tu no te ves como Dios te ve, difícilmente podrás avanzar y alcanzar el propósito que Dios tiene.

Miremos la vida de Moisés. Cuando el nuevo faraón, que no conoció a José ni a los de su casa, dio la orden de matar a todos los niños hebreos recién nacidos, echándolos al río; los padres de Moisés, lo escondieron durante tres meses, y luego lo ponen en el río sobre una canasta, que llega a la misma hija del faraón, quién le puso el nombre “Moisés”, que significa “sacado de las aguas”. Moisés, siendo hebreo, fue criado e instruido como egipcio, en el palacio real. Y llega un día, en que Moisés ve cómo un egipcio golpea a un hebreo, y se llena de tal ira, que lo termina matando y enterrando en la arena. Cuando Moisés es puesto en descubierto, huye al desierto.

Moisés se fue al desierto, porque allí no hay nada. El desierto es un lugar donde tú necesitas encontrarte contigo, y saber quién tú eres. Y necesitas encontrarte con Dios para que Él te diga, quién tú eres. En el desierto Dios te aísla de todas esas voces, que hablan mentira a tu vida, que te distraen para que escuches solamente la voz de Dios.

Éxodo 3.6-7 dice:

“Y añadió: <>.

Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Dijo luego Jehová: <>.”

Dios le empieza a hablar de sus generaciones, porque en ese momento Dios le estaba revelando su propósito, para que Moisés supiera que desde antes de nacer, él ya tenía un propósito divino de parte de Dios.

Los versículos 10 y 11 dicen: “<>.

Entonces Moisés respondió a Dios: <<¿Quién soy yo para que vaya al faraón y saque de Egipto a los hijos de Israel?>>”.

Moisés tuvo que estar en el desierto para encontrarse con Dios y poder preguntarle ¿quién soy yo? Porque los papás de Moisés, le decían que él era hebreo; la hija de faraón lo miraba como egipcio; y los israelitas lo miraban como un asesino, al punto que Moisés ya no sabía quién era. Y muchas veces así vamos nosotros por la vida, escuchando varias opiniones de la gente, sobre quienes somos nosotros, porque no lo sabemos. Dios no quiere que tú vayas así; Él quiere llevarte delante de Él para que pueda decirte quién verdaderamente tú eres.

Los versículos 13 y 14 dicen: “Dijo Moisés a Dios: <>

Respondió Dios a Moisés: <>.

Y añadió: <>.

“Yo soy el que soy”, se refiere al que existe sin necesidad de alguien más, El que existe por sí mismo. Dios primero le reveló a Moisés quién era Dios, para luego revelarle quién era Moisés en Dios. Dios hoy te va a revelar quién es Él, para luego revelarte quién verdaderamente eres tú. Una cosa es vivir y otra diferente es existir. Tú no existes, tú vives, porque el gran “Yo soy” vive dentro de ti.

El nombre de Jehová se escribe así: “YHWH”, no tiene vocales; no se puede pronunciar. Pero ¿por qué Dios le cambia el nombre a Abram por Abraham? Dios le puso una “H” de su nombre, su identidad, su ADN, en el nombre de Abraham. Dios le dijo: “No eres un ‘padre enaltecido’; en Mí, tú eres un ‘padre de multitudes’”. Por eso le dice Dios a Moisés: “Diles que ‘Yo soy’ te envió. Porque Yo estoy en ti. Yo habito en ti”.

Jesús preguntó primero a sus discípulos si sabían quién era Él; y luego, al responder Pedro, Jesús le cambió el nombre. Cuando tú sabes primero quién es Dios; Dios te revela a ti, quién tú eres. Si tú no sabes hoy quién eres, es porque no sabes quién es Dios.

Cuando Dios creó a Adán, lo vistió de Su Gloria. Y resulta que un día aparece desnudo, pero esa desnudez, no era desnudez normal, era vergüenza. Yo no sé qué traje has permitido tú, que el mundo te ponga: ¿un traje de derrota, de fracaso, de mentira, de vergüenza, de deshonra, de burla? ¿Cuál es el traje que has permitido que el mundo te ponga?

Hoy es un día clave para la Iglesia, y te diré por qué: Las perlas se forman en el fondo del mar, cuando una piedrita o basurita se mete dentro de la concha. La concha en lugar de expulsarla, empieza a cubrirla con una sustancia llamada nácar. Y la cubre, hasta que logra hacer una perla; pero esa perla lleva un proceso, donde Dios la prepara en el fondo del mar.

Y yo no sé qué traje te han puesto, pero hoy Dios te quita ese traje y vas a empezar a resplandecer y a lucirte delante del mundo. Tú eres esa perla preciosa que ha estado siendo formada en las manos del Creador, en donde llega un punto en donde vas a empezar a brillar, porque sabes quién es Dios en ti. Sabes a qué reino perteneces, eres un príncipe y una princesa de Dios. No permitas que te digan quién tú eres, permítele a Dios que te revele quién, verdaderamente, tú eres.

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

Pastor Alfonso Bocache

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