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ACTITUD DE FE

Esta serie “Actitud” nos va a preparar para recibir Palabra y bendiciones que Dios tiene para nosotros. Hay diferentes tipos de actitudes, muchísimas. La semana pasada leímos Efesios 4:31 y éste versículo quedó dando vueltas en mi espíritu:

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Dice “quítense” ¿Que te la quiten o que tú te la quites? Algunas personas me han pedido que ore por ellos, porque tienen mala actitud, pero no se puede orar “En el nombre de Jesús se va toda mala actitud”. Solo cuando tú le entregas a Dios tu vida podrás cambiar tu actitud. No podemos reprender la mala actitud, solo rendirte para poder cambiar. Imagínate que oráramos para sacar un demonio de actitud. ¡No, no, no! El demonio diría “yo no tengo nada que ver, solito él tiene mala actitud, solito él se levanta de mal humor y tiene mala actitud… ni necesita que yo lo visite… él arruina su vida solo”. Por eso la Palabra dice “quítense”. Corresponde a cada quien quitar de su vida cada mala actitud. Tú podrías ir mil veces a la iglesia y no cambiarías nada si no dispones tu actitud a que su Palabra la renueve. Hay cosas de las que el diablo no tiene la culpa.

Debemos de tener buena actitud siempre, aun cuando estemos pasando momentos difíciles y, allí sí, el diablo nos esté atacando.  Será la buena actitud la que te bendecirá.

Vamos a leer Mateo 21:23-33 en versión Dios habla hoy.

“Después de esto, Jesús entró en el templo. Mientras estaba allí, enseñando, se le acercaron los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos, y le preguntaron:

—¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te dio esta autoridad?

Jesús les contestó:

—Yo también les voy a hacer una pregunta: ¿Quién envió a Juan a bautizar, Dios o los hombres? Si ustedes me responden, yo les diré con qué autoridad hago esto.

Comenzaron a discutir unos con otros: «Si respondemos que Dios lo envió, nos dirá: “Entonces, ¿por qué no le creyeron?” Y no podemos decir que fueron los hombres, porque tenemos miedo de la gente, ya que todos creen que Juan era un profeta.» Así que respondieron a Jesús:

—No lo sabemos.

Entonces él les contestó:

—Pues yo tampoco les digo con qué autoridad hago esto.

Jesús les preguntó:

—¿Qué opinan ustedes de esto? Un hombre tenía dos hijos, y le dijo a uno de ellos: “Hijo, ve hoy a trabajar a mi viñedo.” El hijo le contestó: “¡No quiero ir!” Pero después cambió de parecer, y fue. Luego el padre se dirigió al otro, y le dijo lo mismo. Éste contestó: “Sí, señor, yo iré.” Pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo lo que su padre quería?

—El primero —contestaron ellos.

Y Jesús les dijo:

—Les aseguro que los que cobran impuestos para Roma, y las prostitutas, entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos. Porque Juan el Bautista vino a enseñarles el camino de la justicia, y ustedes no le creyeron; en cambio, esos cobradores de impuestos y esas prostitutas sí le creyeron. Pero ustedes, aunque vieron todo esto, no cambiaron de actitud para creerle”.

 

Nota al inicio que dice que fueron los jefes de los sacerdotes, ¿cuánto crees que sabían de la ley, poco o mucho? Claro que muchísimo.  Este pasaje nos permite ver cómo Jesús confronta a esas personas que sabían mucho, que tenían todo el conocimiento, pero una mala actitud. Es la mala actitud la que no les permite creer, por eso no podían ejercer fe. Algunas personas creen que no tienen fe, pero no es cierto, la tienen porque dice la Palabra que todos hemos recibido una medida de fe, lo que sucede es que la mala actitud no permite ejercerla.

Mira qué curiosa fue la actitud de los jefes de los sacerdotes que comenzaron a discutir cuando Jesús les hizo una pregunta. Esa es una actitud que podemos tener, la actitud de discutir siempre. Por más conocimiento que tengamos o por muy agradables que queramos ser, si eres alguien que tiene esa actitud entonces discutirás siempre. No importará la cantidad de versículos que sepas si no puedes ejercer tu fe.

Jesús les dijo a los jefes de los sacerdotes que las rameras y los cobradores de impuestos estaban más cerca del reino de los cielos que ellos, pues sí creyeron y en cambio “ustedes, aunque vieron todo esto, no cambiaron su actitud para creer”.  Otros pecadores y otros no muy queridos como los cobradores de impuestos van más adelante, aunque quizá no saben mucho de la ley, porque tienen una buena actitud. Si tú estás comenzando a caminar con Jesús, quizá no sabes ningún versículo aún, no te preocupes, te bendecimos y aprovecha las bendiciones de Dios de cada mañana, pero hazlo con la actitud y el corazón correcto. No se trata del conocimiento que tienes, sino de la actitud que tienes con el conocimiento que adquieres. La mala actitud atrasa los planes de Dios para ti, por eso ellos iban atrasados a comparación de “pecadores” que sí estaban creyendo.

Los jefes de los sacerdotes por su mala actitud tampoco pudieron reconocer la autoridad de Jesús, y con eso querían acusarlo. La religiosidad los tenía cegados, sumado a la mala actitud. Ambos se convierten en orgullo lo que les impidió reconocer la autoridad de Jesús.

Otra actitud es la actitud de fe fingida. Es cuando solo dices que crees, pero no actúas como tal. Hay algunos que cuando les preguntas si tiene fe te contestan tan vagamente que puedes percibirlo. A diferencia de otros que no debes de preguntarles cómo están porque solo con ver su actitud no importa lo que estén pasando, pero se percibe que están confiados en Dios y que le creen. Pablo le escribió a Timoteo que no fingiera la fe. Lo curioso es que era Pablo el que estaba preso y en una situación difícil quien le pide a Timoteo que ejerza la fe (2 Timoteo 1:5). 

¿Qué escribirías tú si estuvieras preso? De seguro te quejarías o no aceptarías tu situación. Mira la actitud de Pablo en Hechos 16:23-34:

“Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.

Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí». 

Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?» Ellos dijeron: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa». 

Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios”.

La actitud de Pablo no fue quejarse, inclusive le daba ánimo a alguien que estaba libre. Pablo había sido azotado mucho, fue echado preso -o sea que lo tiraron-, además dice que fue llevado al calabozo de más adentro, éste era el peor de todos pues estaba cerca de los desagües y muchos prisioneros puestos allí morían de infecciones y enfermedades. Pablo tenía un cepo y a pesar de todo eso a media noche decidió adorar al Señor junto con Silas. No se quejó por no poder moverse, sino que levantó sus brazos y adoró. No se quejó con Dios por lo que estaba pasando ni le reprochó todo su servicio, puso a un lado su situación y se aferró a Él.

Mira lo que sucede cuando adoras al Señor, otros son liberados, así como cuando Pablo y Silas lo hicieron y todas las puertas se abrieron y las cadenas de todos se soltaron. Llega ese día en que tu actitud es tan buena y puedes ejercer tu fe de tal manera que todas las puertas te son abiertas.

De este pasaje se puede hablar mucho de Pablo, pero esta vez fijémonos en el carcelero. Estuvo a punto de matarse cuando vio que los presos fueron liberados, pero gracias a la buena actitud de Pablo no lo hizo. Luego buscó su salvación y recibió Palabra, él y todos los de su casa. En la noche les lavó las heridas y en seguida se bautizó con todos los suyos. Les puso la mesa y los atendió y tuvo gozo con toda su casa por haber creído a Dios.

Hoy declaro para tu vida que tendrás buena actitud este año será tan buena que ejercerás fe, y serás de testimonio para muchas personas por ser una persona de fe y de buena actitud; que no importa lo que estés pasando adorarás a Dios y le creerás todos los días de tu vida. Cuando tienes buena actitud el diablo no querrá meterse contigo, pues si sabes vivir con lo mucho y con lo poco como lo hacía Pablo, entonces no le serás útil.

¡Que Dios te bendiga y sobre abunde!

 

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PRéDICA DE LA SEMANA

YO SOY – UN HÉROE DE FE

Pastor Alfonso Bocache

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